BUSCA LO QUE TE APORTE VALOR PERSONAL

INVIERTE EN LO QUE TE APORTE VALOR A NIVEL PERSONAL

Me gusta viajar, comencé a hacerlo por pura casualidad y me di cuenta de que es algo que realmente me hace sentir verdaderamente bien. Cuando viajo me siento libre, fuerte y capaz de manejar situaciones nuevas que escapan de mi día a día.

Pasé mucho tiempo cabreándome internamente con todas las opiniones que recibía de puertas para afuera. “Si viajas tanto, tienes que estar forrada.” “Yo no puedo viajar, porque no tengo dinero”. Yo me enfadaba mentalmente con ese tipo de comentarios. “Es mentira que no puedes viajar; si pones conciencia en evitar esos pequeños gastos hormiga que poco a poco te hacen estar sin dinero, podrás organizar un viaje.” Viajar, al contrario de lo que mucha gente opina, no tiene por qué ser necesariamente sinónimo a realizar un gran gasto económico. Acabo de volver de haber estado 7 días, seis noches en Menorca por 290 euros en total. Sí, en total; incluyendo apartamento con piscina, vuelos, coche de alquiler, gasolina y comidas. Piénsalo de esta forma. ¿Te has parado a poner por escrito la cantidad real de dinero que gastas mensual o semanalmente en esas cosas pequeñas que a priori parecen gastos mínimos? ¿Sabes cuánto dinero gastas en ese café diario que compras en la máquina del trabajo? ¿En tabaco? ¿En esos pequeños artículos que acabaran almacenados en alguna parte de tu casa? La única forma de saberlo a ciencia es poniéndolo por escrito punto por punto.

Una vez que hayas hecho la toma conciencia y tengas ante ti la realidad, tú decides si quieres hacer algo al respecto o no. Instaurarse en la queja es fácil, es cómodo y nos evade de la responsabilidad que conlleva asumir las consecuencias de esas pequeñas decisiones que tomamos a diario.

Quizás a ti lo que te aporte valor sea salir todos los fines de semana a tomar algo con tus amigos, o quizás invertir en maquillaje o artículos de cocina, o lo que sea que te guste. Tú eres el único que puede saber eso en primera persona.

A mí personalmente no me aporta valor irme de compras mensualmente, ni tampoco ir a tomar algo diaria o semanalmente. Al contrario de lo que te harán creer, no eres peor mujer por no invertir en tu pelo, en tus uñas, ropa nueva o tratamientos de belleza semanales. Tú eres el único dueño de tus decisiones, el único que asume las consecuencias, por lo que dejarse guiar por opiniones externas es hacerse flaco favor a uno mismo.

Hace poco me he dado cuenta de que quizás no a todo el mundo le aporte el mismo valor que a mí viajar o invertir en experiencias. Hay quien prefiere ir semanalmente a hacerse las uñas porque eso le aporta ese valor que necesita. Tolerancia y respeto. Ahora me estoy empezando a dar cuenta.

HÁBITOS DE CONSUMO CONSCIENTES

Nuestro cerebro busca de forma inconsciente estímulos que lo hagan liberar dopamina. Sin darnos cuenta nos vemos inmersos en una búsqueda insaciable de esas cosas que nos hacen sentir ese instante de placer. Sin embargo nunca parece ser suficiente; cuando el pico baja, una vocecita que tenemos en la cabeza nos pide más.

Es de esta forma de la que si haber sabido muy bien cómo empezó, creemos necesitar todas esas cosas que nuestro cerebro sabe que le harán sentirse bien por unos momentos.

Echa la vista atrás, piensa en todas aquellas veces que entraste en un tienda, viste algo que te gustó (pero que probablemente no necesitaras), lo compraste y enseguida sentiste una pequeña descarga de felicidad. Eso es la dopamina. A continuación, cogiste el bus, volviste a casa y guardaste esa nueva adquisición en alguna parte de tu armario. Ese pico efímero de placer había vuelto a bajar.

Semanas o meses después, dispuesto/a a organizar un poco el caos que tienes en casa, te encuentras esa prenda que compraste aquel día. La coges y te das cuenta de que todavía tiene la etiqueta puesta. Ahora que lo piensas, tampoco es tan bonita como te lo pareció aquel día, además es difícil de conjuntar, por lo que “necesitarías” un pantalón que le vaya bien.

Nuestro cerebro es una máquina increíble, de eso no quepa ninguna duda, pero en busca de esas pequeñas descargas instantáneas de placer, nos hace creer que necesitamos cosas que realmente a largo plazo no tienen demasiada utilidad. Seamos honestos con nosotros mismos.

Esto es algo completamente humano, no pasa nada por dejarse llevar por esos impulsos. Todo cambio comienza a partir de una toma de conciencia y una predisposición por modificarlo. La verdadera cuestión de todo este asunto es que de nada vale quejarse del cambio climático y los devastadores efectos que la contaminación sobre nuestro planeta sin haber echado la vista hacia uno mismo antes.

Si te das cuenta, cada vez que nos quejamos de este tipo de cuestiones, lo hacemos en tercera persona, como si esto fuera algo provocado por los demás. Y lo cierto es que quejándonos y poniendo el foco en todo lo que va mal solo logramos hacernos mala sangre y no cambiar nada.

Es verdad que hay muchísimas cosas que escapan de nuestro control, pero hay muchísimas cosas que sí están dentro de nuestro círculo de influencia, empezando con nuestros hábitos de consumo. Solo es cuestión de poner conciencia en las cosas que consumes, hacer una revisión de hábitos que quizás estén contribuyendo a contaminar o generar más basura que luego será difícil de destruir.

¿Sabes de dónde proviene esa ropa que te estás comprando? ¿Sabes realmente lo que cuesta destruir ese teléfono móvil que dentro de poco tiempo el mercado te dirá que se ha quedado obsoleto? Yo tampoco lo sé a ciencia cierta, pero me gustaría saberlo, estoy en ese proceso.

No puedes cambiar a los demás, lo único que realmente puedes cambiar es aquello que sí está bajo tu control.

Quizás la forma más sencilla de comenzar sea  sacar todo lo que tienes en armario y revisar toda esa cantidad de objetos que has acumulado sin ser consciente de ello. Puede que una vez haber revisado todo, te des cuenta de que no necesites comprar esos conjuntos de ropa que creías necesitar, porque ya tenías otras tantos con etiqueta guardados en el fondo del armario. Todo proceso comienza con un paso.

MINIMALISMO

Aquí os dejo otro fragmento del libro, espero que os guste.

 

ÁNGELA

Las fases y su progresión hacia la desescalada por fin habían terminado, por lo que la gente se había comenzado a olvidar de todo lo que habíamos pasado esos meses. Y para que nos vamos a engañar, yo no me sentía del todo cómoda, por lo que prefería no juntarme con grandes grupos de gente.

Había quedado con Mireia en la que era ahora su nueva casa. Me acababa de mandar un mensaje diciendo que se le había complicado la jornada con un asunto de última hora y que tardaría un rato en llegar. Me dijo que Ana estaba en casa, por lo que ella me abriría la puerta. Personalmente había coincidido muy poco con Ana, pero he de reconocer que me daba un poco de pereza esa gente de rollo instagramer. La puerta principal me la abrió una mujer que salía a sacar a su perro, por lo que entré, subí el ascensor y toqué el timbre. Ana me abrió.

-Hola guapa, ya me ha avisado Mireia diciendo que venías, pasa.- Llevaba un conjunto de shorts y camiseta de tirantes blanco con una chanclas doradas, además de una sonrisa radiante. No pude evitar quedarme ensimismada con la casa, aquello fue como amor a primera vista. Suelos de madera, paredes blancas y un techo alto. Al fondo del salón había un platanero justo al lado de las puertas de un pequeño balcón a través del cual entraba mucha luz.

-Hola, sí, parece ser que le ha surgido algo de última hora. Por cierto, me gusta mucho la casa, es muy chula.-

-Muchas gracias. Si te digo la verdad con esto de la cuarentena también he tenido tiempo de fijarme más en la casa, una cosa ha llevado a la otra y he acabado cambiando bastantes cosas.-

-Ya, yo creo que con esto de haber pasado unos meses encerrados sin salir, mucha gente se habrá dado cuenta de cosas de su casa que quiere cambiar.  Dejé mi tote bag en el perchero que tenían en la entrada y me acerqué hacia el sofá gris que reinaba la sala.

-Perdona, qué mal educada soy. ¿Quieres tomar algo? Espero que no haga mucho calor en casa; Madrid en verano es un horno.-

-Pues un vaso de agua fría estaría bien, muchas gracias. Pues sí, en eso te voy a dar la razón.- Mientras ella estaba en la cocina, me fijé en la calma y tranquilidad que transmitía esa casa. En ese momento oí unas llaves que giraban la cerradura de la puerta principal. A continuación pude ver a una Mireia sofocada que hacía aparición tras su mascarilla quirúrgica.

-Aire, aire, necesito aire.- Haciendo un gesto dramático se retiró la mascarilla de la cara.- Tengo todo el mostacho sudado, creo que mi sudor y lo que sea que lleve esta cosa han creado una masa que se me queda impregnada a la cara.-

-Buenas tardes, ya está aquí mi drama queen particular.-Dijo Ana saliendo de la cocina con dos vasos de agua.

-Hola Ángela, perdona el retraso, es que me he dado cuenta de que había un correo que tenía pendiente de solucionar justo cuando iba a cerrar todas las pantallas.-

-Hola guapa, no te preocupes, son cosas que pasan. ¿Qué tal?- acerqué mi codo hacia el suyo y nos lo chocamos.

-Estaré mejor cuando me haga con otro vaso de esos que estáis bebiendo vosotras; estoy deshidratada. Me paso el día sudando y bebiendo, sudando y bebiendo. Madrid, me matas en verano.- Ana, que no había probado su vaso de agua todavía, se lo dio y Mireia se lo bebió de trago.- Gracias, me has salvado de morir deshidratada.

-Exagerada.- Se burló Ana. Mireia se desplomó sobre el sofá y expulsó aire por la boca muy profundamente.

-Bueno Ángela, ¿qué tal? Hace mil años que no nos veíamos. Ha tenido que surgir una pandemia entre encuentro y encuentro.-

-Yo bien, poco a poco todo está volviendo a la marcha de siempre. Mucho más tranquila ahora que David también ha podido retomar las citas en el estudio, todo en orden. Por cierto, yo no había venido a esta casa antes y os tengo que decir que me gusta mucho.-

-Sí, la verdad es que estoy muy contenta. Eso sin tener en cuenta a la loca esta que ha empezado a desvariar con no se qué cosas de minimalismo y ahora ha empezado a tirar media casa.- Contestó haciendo referencia a Ana.

-Ángela, tu no te asustes, que por mucho que me llame loca con tanto cariño, en el fondo nos queremos. Formamos parte de una especie de dúo cómico que visto desde fuera puede asustar.- Me dijo Ana.

-Yo también conozco el minimalismo, pero viviendo con tu hermano no necesito hacer mucho esfuerzo en aplicarlo. Además, a raíz de empezar a viajar te das cuenta de que es mejor prorizar y minimalizar lo que puedas las cosas que te llevas. Al final acabas viendo que puedes prescindir de más de lo que al principio creías.- Corroboré yo.

-Ay Dios, no me digas eso, yo creía que ibas a darme la razón, no unirte a su clan. – Me reí. Vi como la mirada la Ana se iluminaba al escuchar que yo conocía el minimalismo.

-Yo acabo de empezar a salsear, pero las ideas que trata de transmitir me gustan. ¿Tú lo aplicas? ¿Lo conoces desde hace mucho? – Me preguntó ella, curiosa.

-Fue un poco por casualidad. Vi que había un documental de Netflix que trataba del tema y me llamó la atención. A raíz de esto empecé a leer un poco más sobre el tema y también encontré algunos podcasts que desarrollaban más conceptos de forma algo más amplia. Empecé a intentar aplicar parte de las cosas que consideré que me cuadraban y que creía que podía llevar a cabo. –

– ¿Qué cosas? – preguntó Mireia.

-Yo creo que empecé por las cosas más fáciles. El armario, los cajones, las estanterías y también la gestión de espacio y aplicaciones y el móvil. Puede sonar un poco friki, pero poco a poco fui notando que ese orden me proporcionaba mucha paz mental. Ver la pantalla de mi móvil bien organizada por categorías o vaciar mis armarios de cosas que no iba a utilizar me ahorraba mucho tiempo y me hacía sentir bien.- Comencé a explicar.- A ver, que parece que tengo un trastorno obsesivo compulsivo o algo así, pero os juro que si eres más consciente de las cosas que tienes y quitas del medio lo que no te sirve para nada acabas ahorrando tiempo y luego es más fácil reorganizar lo que tienes.-

-Sí, es verdad, estoy muy de acuerdo. Y oye, ¿hay algún error que crees que hayas cometido al principio? – me preguntó Ana, yo me reí.

-Pues sí, muchos. Me entro esa neura por tirarlo todo y acabé dejándome llevar por ese impulso inicial de tirar y tirar cosas. Al ver que me sentía bien al vaciar la casa de porquería que tenía acumulada y no me servía para nada, tiré cosas que quizás si tenía que haber mantenido. Luego me di cuenta de que tenía que encontrar ese equilibrio entre tirarlo todo y acumular por si acasos. Al fin y al cabo, al contrario de lo que yo creía al principio, el minimalismo no consiste en vivir con una cama y una silla, es cuestión de cuestionarme si las cosas que tengo me aportan algún valor. Empiezas con objetos y poco a poco lo amplias a nivel mental, social y otros ámbitos de tu vida. – Cogí aire.

-Joder, macho, no sabía yo que esto fuera una secta. Estáis escondidas por las esquinas. – Dijo Mireia. Ana levantó una pierna y le dio una patada suave, Mireia le tiró un cojín.

-Tú y yo tenemos que hablar más, tienes mucho que enseñarme, tú has pasado a vivir en el 2030 y yo sigo aquí encerrada en el 2020.- Me dijo Ana bromeando. – Podría estar escuchándote aquí durante horas. Me tienes que apuntar, por favor, los nombres de ese documental y esos podcasts que dices. Yo de momento estoy comprobado que ver mis armarios y las estanterías de la cocina limpios y organizados es como un orgasmo mental, me encanta. Y es lo que dices, sé lo que tengo y acabo hasta ahorrando dinero. Antes creía que me faltaban cosas que ya tenía, por lo que acababa comprando más y acumulando más, como un círculo vicioso. No sabes la de bolígrafos, calcetines o paquetes de legumbres y pasta que he sacado de los armarios y cajones. He empezado a meter los alimentos más básicos en botes de cristal y los he organizado de modo que sé lo que tengo. Cuando realmente se me acaban o veo que ya no hay más, lo voy anotando en un cuaderno que tengo en la cocina. Ah, y cuando voy a comprar intento ir con una lista, porque sino, acabo acumulando y cogiendo cosas que no necesito o que luego acabo tirando. – Empezó a explicar ella.

-Oye, ¿y qué vas a hacer con el tema de redes sociales? No me había dado cuenta antes tía, pero tú siempre estás subiendo contenido en el que enseñas las cosas que te envían o que pruebas, te compras y recomiendas. Eso es completamente contradictorio con esto que cuentas, y tú cobras de esas colaboraciones con marcas. – Añadió Mireia y de golpe a Ana se le cambió la cara.

-Lo sé, ya me he dado cuenta de eso. Vivo de eso y mis ingresos dependen principalmente de esa tendencia generalizada a acumular y consumir cosas. Estoy pensando en qué hacer, porque a estas alturas ya tengo un bagaje y número de seguidores que buscan consumir el tipo de contenido que hasta ahora venía haciendo. –

– No sé, a ver, yo no tengo ni idea de cómo funciona ese mundo, porque me mantengo un poco ajena a todo eso, pero yo creo que hablando se entiende la gente. Si explicas todo esto de forma abierta y desarrollas los motivos que te han llevado a cambiar de opinión, la gente lo entenderá. Puede incluso que contribuyas a que más gente se plantee sus hábitos de consumo. – Le aconsejé yo.

-Puede ser, pero también es verdad que hay mucha gente que se me echará encima. La malo que tienen las redes sociales es que te exponen a opiniones de todo tipo, lo cual a veces es como tirarse a los leones y exponerte a que te coman. –

-Los haters. Que les den. – Apuntó Mireia.

-Creo que nadie mejor que tú conoce todas las caras de la moneda, pero estoy segura de poco a poco irás viendo qué hacer y cómo hacerlo de la mejor forma. – Traté de calmarla.

-Además, también ayudas a tu padre con lo del hotel y si no te llega yo me comprometo a comer pasta y arroz con mortadela hasta que haga falta. – Dijo Mireia levantando la mano. – Digo esto pero estoy segura de que eso no va a pasar, sólo que ahora te estás haciendo caquita encima y ves nubarrones negros tras la montaña, nena.

Después de estar un rato más hablando y de que Ana se quedara más tranquila, decidimos preparar algo de picoteo para cenar. He de decir que una vez más había pecado de ser una juzgadora profesional como tantas veces David me dice. “Eres una juzgadora profesional; juzgas y juzgas.” Me suele decir dando golpes con el canto de la mano sobre la mesa.    Yo siempre me río a carcajada limpia cuando lo dice, pero en el fondo sé que es verdad y que me precipito a juzgar o opinar sobre algo muy rápido. Con Ana me ha pasado algo así. No la conocía personalmente hasta esta tarde y la había metido en el cajón mental de niña pija superficial. Mireia siempre me hablaba de ella y me enseñaba las fotos que había subido en redes juntas. Claramente me he llevado una grata sorpresa. Son cosas como esta las que me demuestran que cuanto más abres tu mente más aprendes a cerrar la boca. Una vez más.

 

 

 

 

 

CUESTIÓN DE PRIORIDADES

Aquí os dejo un fragmento del libro que estoy escribiendo. Espero que os guste.

 

ANA

Me va a reventar la cabeza, o por lo menos así lo siento. Me acabo de dar cuenta de algo que llevo haciendo mal muchísimo tiempo. A ver, eso de hacer algo bien o mal es algo bastante relativo, pero lo que sí está claro es que ahora sé que he estado siendo súper incoherente.

Y sí, puede que exponerse tanto en las redes sociales hace que sea más fácil que reciba más tipos de comentarios. He de reconocer que con el tiempo he ido aprendiendo a gestionar mejor los comentarios negativos y las críticas destructivas, pero también es cierto que a veces aparecen comentarios que realmente te hacen replantearte algunas cosas.

Hace poco me he dado cuenta de que con el paso del tiempo he ido cometiendo algunos errores que no están alineados con las ideas que quiero plasmar. Yo no sé si todo esto de la cuarentena me ha cortocircuitado algunos cables y me ha hecho dar un par de vueltas a algunas cuestiones. El tema es que desde hace mucho tiempo, he ido fomentando esa tendencia generalizada que tenemos de acumular cosas, obtener productos nuevos y crear una imagen idealizada de nuestra vida.

Y yo que llevo algunos años metida en el mundo de las redes sociales, sé de primera mano que no es oro todo lo que reluce. Y sí, soy la primera en criticar determinadas actitudes o quejarme del cambio climático, pero me he dado cuenta de que no predico con el ejemplo que yo defiendo.

Sí, yo también he caído en esa tendencia a anunciar productos, adquirir ropa, maquillaje y experiencias que contribuyen a esa masa de información que se va almacenando en el subconsciente creando una idea de lo que deberías de tener para ser feliz. Ojo, que justo ahí he cometido el error más garrafal: hablar de tener.

Y es cierto que no tengo ningún derecho a quejarme del cambio climático cuando soy la primera en comprar ropa que no necesito o cuando me voy de compras para sentirme mejor. Oye, y darse cuenta de estas incoherencias hace daño en el amor propio, porque te sientes como una impostora.

¿Y ahora qué hago? ¿Dejo de generar el contenido que llevo tiempo creando solo porque me he dado cuenta de que estoy contribuyendo a aumentar el consumismo? Joder, que gran parte de mi sustento proviene de todas estas colaboraciones con marcas y de anunciar productos.

-Lo que no puedes pretender ahora es convertirte en un monje budista. Tienes que utilizar esto que estás aprendiendo para hacer una transición progresiva hacia lo que crees que sería más coherente con lo que piensas.- Me decía mi madre al respecto.- Yo creo que se te ha abierto una puerta y que quizás sea una oportunidad para dar visibilidad a todo esto de lo que te has dado cuenta. Investiga acerca de puntos de vista que hasta ahora no habías considerado, tiene que haber gente que esté en el mismo punto que tú.

Madre, gracias por tus palabras. A raíz de esto, comencé a encontrar a creadores de contenido digital que transmitían ideas que nada tenían que ver con lo que yo había consumido hasta el momento. Hablaban de minimalismo, gestión de tiempo, consumo responsable y consciente, entre otras cosas.

-A ver si ahora te vas a volver loca.- Me decía Mireia.- Siempre has sido una loca de las compras, siempre te ha encantado salir a mirar cosas nuevas. ¿Qué pretendes hacer ahora?-

-Mireia, yo no te he pedido a ti que hagas nada. La que quiere empezar a probar a hacer las cosas de forma diferente soy yo, tú no te preocupes que no te voy a exigir nada. Sólo te pido, por favor, que me dejes aplicar las cosas que estoy aprendiendo en algunas partes de la casa.-

-¿Qué es lo que tienes pensado hacer?-

-Iré poco a poco, pero de momento me voy a ceñir a mi habitación. Quiero hacer limpieza y retirar esos montones de ropa que siguen con etiqueta, que sé que no me voy a poner o que llevo siglos sin ponerme. Seamos realistas, si nunca me la pongo, tampoco me la voy a poner en un futuro hipotético. ¿Ves esa camisa? Me la compré en rebajas hace dos años y no me la he puesto. Los colores no me acababan de convencer, pero como estaba rebajada me la compré.-

-¿Y qué vas a hacer con todas esas cosas? Yo no uso tu talla, así que no me las puedes dar a mí.-

-Tenía pensado hacer un mercado y venderlas. Así también la gente podrá adquirir cosas de segunda mano y no fomentar a la producción de más cosas.-

-Bueno, eso de segunda mano es un poco relativo, porque muchas cosas están con etiqueta todavía.- Puntualizó ella.

A raíz que fui vaciando el armario y sacando todo lo que tenía ahí guardado me fui asustando cada vez más. ¿Cómo había llegado a acumular semejante cantidad de cosas sin haberme dado cuenta? Intenté dejar de lado los por si acasos y fui retirando todo aquello que en el fondo sabía que no iba a utilizar. Madre mía del amor hermoso; la de cantidad de dinero que había tirado adquiriendo todas esas cosas que no me había llegado a poner más de una vez. Entre regalos, caprichos y por si acasos mi cama llego a convertirse en un amasijo de ropa bastante considerable.

Una vez que finalmente conseguí deshacerme de todas esas cosas organizando un mercadillo, donando o directamente tirando lo que había quedado inservible, vino la parte más complicada: replantearme ordenarme la cabeza. Empecé a leer algún libro que hablaba del minimalismo y de los errores que se tienden a cometer cuando alguien empieza a practicarlo.

A ver, que tampoco pretendo yo ahora convertirme en una gurú ni nada por el estilo. Hay que tener en cuenta de dónde vengo y no voy a pretender transformar las cosas de forma extremadamente radical. Seamos realistas. Nací en un barrio bien de Madrid y desde pequeña he visto productos de bastante calidad en casa. A mi madre siempre le ha gustado ir bien puesto y no le ha importado gastar dinero en la ropa que vestía, aunque también hay que tener en cuenta que disponemos de capacidad para hacerlo. Obviamente si no nos alcanzara para comer no llevaría vestidos de Carolina Herrera.

Y precisamente, cuando te dedicas a compartir contenido por redes sociales, son muchos los comentarios que te llegan y que a veces te sacuden las ideas. ¿Envidia? ¿Odio respaldado por una baja autoestima o complejos? Puede ser. Tampoco dejo los comentarios de gente que no conozco de nada y que tienen como objetivo echar veneno me hagan daño, pero de cierta forma es inevitable que se queden en alguna parte de mi subconsciente.

Las palabras que más se repiten son “pija”, “niñata” y cosas de ese estilo. Sin ir más lejos uno de los últimos que leí el último día fue el siguiente “No sabes lo que es conseguir algo por tu propio mérito. Todo lo que tienes proviene del estatus social con el que naciste. Si tuvieras que pensar en buscar un trabajo para poder comer o tener un techo no podrías quejarte de tus problemas de niña rica.” Y no, ahora no voy yo a decir que no me siento afortunada de haber nacido con las cosas que tengo, porque estaría mintiendo. Por eso mismo pienso que tampoco sería coherente negar de dónde vengo y las facilidades que he tenido.

Sin embargo, es cierto que a partir de ahora quisiera ser un poco más consciente del contenido que ofrezco y las ideas que pueda estar promoviendo. Y que también es verdad que en los ambientes que me muevo hay mucha frivolidad, interés y falsas fachadas que uno se construye para tratar de moverse y no acabar hundiéndose.

Finalmente, cuando Mireia y yo vimos la película “El Hoyo”, mi cabeza acabó explotando en mil pedazos. Para quien no haya visto esta película, trataré de explicarla para entender lo que me hizo dar vueltas a la cabeza.

“El hoyo” es una especie de realidad distópica que es representada como una cárcel vertical constituida por varios pisos. El piso de arriba del todo recibe una mesa llena de manjares y platos meticulosamente elaborados. Esa mesa va descendiendo a través de los distintos pisos, desde arriba hasta abajo, por lo que las personas tienen que alimentarse con lo que los de más arriba van dejando. Supuestamente, en esa mesa habría comida suficiente para las personas que se encuentran en todos los niveles, por lo que si fueran capaces de racionarse como corresponde, todos serían capaces de mantenerse con vida e ingerir su cantidad de alimento. ¿Cuál es el problema? Que las personas que se encuentran en los niveles de arriba se sobrealimentan, por lo que cuando la mesa desciende no queda nada para los que se encuentran más abajo.

En cada piso hay dos personas que estarán en el nivel en el que despierten de forma aleatoria durante un mes. Cada mes despiertan en un nivel diferente. Aluciné con los límites que puede alcanzar la condición humana ante semejantes extremos y circunstancias de desesperación.

La película nos enganchó y tuvimos que verla entera de tirón, porque te hacia querer saber lo que iba a pasar a continuación. Cuando finalmente terminamos de verla entera y la pantalla de la televisión se detuvo, Mireia y yo nos quedamos calladas, tumbadas en el sofá.

-¿Qué te ha parecido? Yo me he quedado helada. Me ha sacudido el cerebro de forma literal.- me dijo ella.

-Es una película que se podría utilizar como metáfora del sistema capitalista. A mí personalmente me lleva a pensar en cómo actuaría yo en cada nivel y me doy cuenta de que no sé si estaría preparada para despertar en un nivel muy inferior.-

-Yo cuando el protagonista se ha despertado en un nivel intermedio he pensado que era una mierda de nivel. Que cuando la comida llegara hasta ese piso apenas quedaría nada bueno. Pero a medida que la película avanza y vas viendo que existen muchos más niveles por debajo de ese que aparece al principio, te das cuenta de que no estaba tan mal. Ojalá hubiese aprovechado para comer al estar en un nivel intermedio, porque siempre pueden venir niveles mucho peores a lo que alcanzaba a imaginar.-

-Totalmente. Es eso que dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y que siempre que piensas que has tocado fondo la vida puede hacerte caer bastante más.- Corroboré yo.

-Me parece gracioso el detalle de que cuando se encuentran en uno de los niveles más superiores oyen a los del piso de arriba teniendo sexo. Resulta que cuando tienes tus necesidades más básicas cubiertas y no tienes que preocuparte por sobrevivir, puedes pensar en otras cosas como son el sexo.- Yo me río.

-Eso dice la Pirámide de Maslow, ¿no? Aunque bueno, hace poco leí un artículo en el que precisamente defendían que no siempre todo el mundo va cubriendo sus necesidades en ese mismo orden. Exponían varios casos en los que personas muy pobres y con serias dificultades para cubrir sus necesidades más básicas sentían un gran impulso por autorrealizarse y desarrollar otro tipo de facetas que se encuentran en los niveles más superiores de la pirámide.-

-No te veía yo a ti tan erudita como para andar leyendo artículos que hablaran de la Pirámide de Maslow.- Se mofó de mí, yo le pellizqué cariñosamente la pierna.

-Será porque yo desperté en uno de los pisos de arriba y como tengo todas mis necesidades cubiertas, puedo pensar en cosas que se encuentran en lo alto de la pirámide. Entre ellas está leer artículos que me hagan ser una tía pija pero culta.- Contesté yo.

-Claro y yo hace unos meses era una muerta de hambre que apenas alcanzaba a nada, me saltaba los niveles de la pirámide y prefería comprarme ropa y cerveza en vez de invertir lo poco que tenía en algo medianamente útil. ¿Qué ha pasado? Que mi periodo en ese nivel del hoyo se acabó y ahora he despertado en un nivel más intermedio junto a una compañera que pertenece a uno de los niveles de más arriba.-

-En eso te equivocas, bonita, yo siempre he sido tu compañera de aventuras sin importar en el piso en el que estuviésemos.- Puntualicé yo.

-Te quiero aunque seas una pija que pretenda limpiar su aura consumista por medio de libros sobre el minimalismo y artículos de psicología.- Se acercó para abrazarme.

-Y yo te quiero aunque seas una muerta de hambre que anteponga la cerveza y la ropa que acabarás acumulando en tu armario aunque no te alcance para pagarte un techo.- Yo la abracé.

-Hay que joderse, ten amigos para esto.- Me dijo.

-Con amigos así no hace falta enemigos.- Y nos empezamos a reír a carcajada limpia.

ESTO VA PARA TI

PRÓLOGO:

Este libro verá su luz el día que se cumplan 25 años desde el día en el que llegué a este mundo. 25. Porque precisamente de eso es de lo que habla este libro. Bueno, de los 25 o de la llamada crisis de cuarto de siglo. Sí, de los creadores de la universalmente conocida crisis de los cuarenta, surge la llamada crisis de cuarto de siglo.

Puede que si recibes lo que lleve escrito es porque tú estés cumpliendo los 25 y quería compartirlo. Al fin y al cabo, yo personalmente hasta este momento si hay algo de lo que me he dado cuenta es que me gusta escribir. Escribir para mí es una forma de dejar constancia y registrar de forma objetiva y factible lo que voy aprendiendo. Es por eso por lo que continúo dedicando tiempo a ello.

A lo largo de estas páginas pretendo abarcar lo que esta etapa o momento de nuestras trayectorias vitales supone en este 2020. (Ay, nuestro querido 2020, quién nos iba a decir que nos fuera a deparar tantas sorpresas). Los modelos o dinámicas que el siglo pasado pudieron haber funcionado, han pasado a quedar algo obsoletas, ¿o no? Lo que a mí personalmente sí que me queda claro es que el ritmo al que estamos sometidos ha aumentado mucho en pocos años. Y no, puede que en este momento no estemos en el mismo punto en el que estaban nuestros padres a nuestra edad, ¿o sí?

En un mundo en el que disponemos de muchísimas opciones entre las que elegir, es momento de saber a qué nos estamos enfrentando. Si bien es cierto que tenemos al alcance de nuestra mano mucho más de lo que hace pocas décadas era posible, todo tiene su contrapartida.

“Todo lo que teníamos que ser” habla nada más y nada menos que de eso: de todo eso que se supone que tenemos que ser. Porque sí, porque la vida a los 25 puede que no sea todo aquello que nos dijeron que tenía que haber sido, o sí, no lo sé. Sí existe una crisis etiquetada como tal supongo que será por eso que dicen de que mal de muchos, consuelo de tontos.

Y sí, puede que por mucho que creyésemos que en este punto de la película todo estaría más desarrollado de lo que está, nada esté más lejos de la realidad. Puede que la relación más sólida que tengas sea con tu suscripción a Netflix. O no. Puede incluso que tengas todo el combo que te dijeron que era necesario para ser feliz y pese a todo notes que te falta algo más. Coche, casa, trabajo, pareja. Sí, pero sientes que tiene que haber algo más. No lo sé. Puede ser que hemos interiorizado un esquema cerrado que se nos esté quedando algo limitado. Como digo Bono “I still have found what I´m looking for”. Quién sabe.

Personalmente me he dado cuenta de que a veces nos vemos inmersos en ese esquema que no sé quién ha creado. Nacer, estudiar, sacar la carrera, encontrar trabajo, pareja, casarse, trabajar, trabajar, tener hijos y trabajar, morir. Me parece que creer que no hay otra opción nos limita mucho a nivel mental y nos hace divagar sin mucho sentido a lo largo del tiempo. Tiene que haber algo más. Me genera cierto desencanto ver a personas con la cabeza en todos los sitios menos en el momento presente, avanzando como zombies.

Yo lo único que sé es que no me apetece cerrar los ojos ante esa transición de década, quisiera indagar un poco más. También sé que los 25 puede ser una época de cambio, construcción y consolidación de todo lo que ya has aprendido, que seguro que no es poco.

A mis 25 tengo más seguridad en mí misma de la que tenía hace unos diez años. A los 15 no tenía ni idea de lo que quería hacer con vida. Puede que ahora tampoco, pero al menos he ido descubriendo que es lo que quiero y que es lo que mejor dejo fuera de mi juego. Quizás sea cuestión de ensayo y error, tampoco lo sé. Estoy en ese proceso.

Puede que a estas alturas ya hayas podido disfrutar haciendo algo que realmente te gusta y te hace sentir que el tiempo pasa más rápido. Puede que hayas perdido de golpe a personas que creías que serían eternas, y puede que hayas salido adelante, o que estés en ello. No lo sé.   Puede también que hayas conocido a gente que te haya hecho mucho bien, o mucho mal; hay de todo. Puede incluso que te hayas dado cuenta de que todo cambia, que todo va evolucionando y que ya no tengas nada en común con el mundo que tan bien se ajustaba a ti hace una década. De todo se aprende, y si no, ya volverás a tener la oportunidad de cometer errores similares para acabar asimilando el mensaje.

A mis 25 he tenido oportunidad de pasármelo muy bien, de aprender mucho, de volver a aprender y de llorar de risa y también de dolor. Sólo sé que si este tiempo ha dado pie a todo esto, me queda mucho por aprender u olvidar para volver a empezar otra vez.

A mis 25 también me he dado cuenta de que es momento de tomar muchas decisiones y de comenzar a asumir responsabilidades de mayor calibre, por lo que quiero ser consciente de lo que me condiciona. Y lo que considero muy importante, he indagado mucho para tratar de entenderme y saber cómo soy y funciono.

No sé quién estipuló esas normas no escritas que nos hicieron creer todo eso que teníamos que ser en este momento. Es algo completamente subjetivo. Piénsalo; si hubieses nacido en otro momento, en otro país o con otras circunstancias las cosas serían completamente diferentes. Coge aire, que esto empieza.

TODO LO QUE TENÍAMOS SER. ¿TAN CIEGO HABÍA ESTADO TODO ESTE TIEMPO?

ÁLVARO

Al día siguiente por la mañana, todo parecía igual que siempre. Oihane entró a la cocina descalza y cogió una taza del armario. Yo cogí la cafetera con la intención de servirle un poco de café.

-No quiero café, gracias, yo soy de cola cao por la mañana.- Alcanzó el bote de cola cao, se preparó una taza con galletas y volvió a su habitación.- Hasta luego- me dijo. Como he podido ver durante las semanas que llevamos conviviendo en el piso, he comprobado que Oihane no es persona hasta que no desayuna. Una vez que ya ha acabado de abrir el estómago, ya estaba disponible para el resto de la humanidad.

Cuando le toca trabajar de mañanas, se levanta con muchísimo tiempo para poder desayunar tranquila. Y cuando vuelve de hacer noche, se detiene a prepararse sus tostadas y las toma con calma antes de meterse a dormir.

Quizás por eso me pareció raro que aquella mañana hubiera optado por unas galletas rápidas en vez de prepararse sus eternas tostadas con cosas. Raro no, el caso es que había tratado de pasar el menor tiempo posible en la cocina. Al rato volví a oír unos pasos que atravesaban el pasillo para volver hasta la cocina. Ella se acercó a la fregadera para limpiar su taza y me dijo:

-Escucha Álvaro, de lo que pasó ayer mejor nos olvidamos, ¿vale?- Estaba triste y tenía la guardia bajada. Ya está.- Apoyó la taza limpia a un lado y se giró hacia mí.

-Descuida, no te preocupes.- Esbocé una media sonrisa. Me daba a mí que ella prefería no volver a hablar nunca más del tema. Lo pillo. Levantó las cejas y me sonrió con la boca cerrada.

-Me voy a organizar un poco la habitación. Llevó muchos días seguidos trabajando y la tengo peor de lo que me gustaría.- Se dio la vuelta y salió de la cocina.

Si soy sincero, nunca he sabido jugar a ese tipo de juegos, aunque reconozco que acostarme con mi compañera de piso tampoco es una de mis jugadas más brillantes. No hace falta ser demasiado inteligente para darse cuenta de eso. Joder Álvarito, vaya racha llevas, vas de acierto en acierto.

Después de haber estado tantos años con Mireia, me doy cuenta de que las cosas han cambiado mucho a la hora de ligar.  A ver, y teniendo en cuenta que mi historial antes de ella partía completamente de cero, tampoco he podido aprender nada sobre las aplicaciones teóricas en el mundo de las relaciones. Y sí, cuando hablo de relaciones también me atrevo a abarcar ese limbo de cosas sin terminar de definir.

He de decir que en este preciso momento me encuentro en proceso de reprogramar mi mente. Todo ello con la intención de adaptarme y tratar de abrir la mente para entender otras formas de ver las cosas.

Es como cuando sales por primera vez a vivir fuera de casa. Es el momento en el que ves otra forma de hacer las cosas, conoces otras costumbres o te das cuenta de que tus hábitos pueden chocar a otras personas. Es entonces cuando te planteas que aquello que tú siempre habías asumido como rutinario o normal, es posible hacerlo de otra forma. Y justo ahí, es cuando empiezas a abrir tu mente y a contemplar un abanico más amplio de opciones. Existe un mundo muy diferente a lo que habías conocido hasta ese momento.

Cuando Mireia y yo empezamos a salir éramos dos críos y realmente creíamos que seríamos invencibles. Lo que hasta el momento había sido algo rutinario como ir a dar un paseo o a beber un batido, pasaba a ser algo especial por el simple de hacerlo con ELLA. Ya no iba a beber un batido a la cafetería de siempre, ahora bebía un batido con ELLA.

Ahora que lo miro con un poquito de perspectiva, recuerdo lo bien que me sentía en aquel momento. Recuerdo que me sentía extasiado, afortunado y flotando en el aire todo el santo día. Todo lo que ella hacía o decía era maravilloso y siempre tenía ganas de estar con ella, de besarla, de abrazarla y de que me dedicara una de esas sonrisas tan suyas.

También noto que se me encoge el estómago cuando me acuerdo de que eso que viví de forma tan intensa al principio, fue diluyéndose poco a poco. Fue como si hubiese estado llevando unas gafas que solo me dejaban ver lo bonito y omitían lo que no me interesa percibir. De pronto, esas gafas se me cayeron y empecé a captar la realidad sin esos filtros de Instagram que pulían defectos. Y crecimos. Crecimos hacia direcciones opuestas y a cada paso que íbamos dando, podía sentir que estábamos más lejos de lo que creíamos que éramos. Dejamos de ser invencibles.

Y sí, quizás ahora que haya tenido ese espacio para pararme a pensar en todo aquello, me he dado cuenta de la mella que esos diez años han tenido en mí. Casi la mitad de mi vida, al fin y al cabo.

Mireia ha sido hasta ahora la única persona de la que me he enamorado de esa forma tan intensa. Sí, pero también he sido partícipe de cómo todo lo que tan seguro y sólido me parecía en aquel momento se ha podido desvanecer. Soy consciente de que si esta historia hubiera sido lanzada a una pantalla y pudiera ser vista por más ojos, yo sería el novio cabrón que deja a la pobre chica por whatsapp. Lo sé. Pero aunque mi táctica no sea la mejor, para mí todo esto ha sido un periodo de transición personal que no sabía de qué forma gestionar.

Ahora me doy cuenta de que necesitaba escapar para poder pararme a pensar en todo esto. Llevaba prácticamente desde que apenas había comenzado a madurar funcionando en plural, por lo que nunca había tenido tiempo a pensar en lo que yo quería o era. A día de hoy me he dado cuenta de que apenas me había dado tiempo a conocerme y convivir con todos esos fantasmas que sobrevolaban conmigo.

Y que no, que hice mal en depositar en ella la responsabilidad de que mi vida fuera algo emocionante, cuando yo ni siquiera sabía qué era lo que a mí me emocionaba. A raíz de escapar como un cobarde a Inglaterra, descubrí cosas sobre mí que en 25 años nunca me había parado a ver. Joder. ¿Tan ciego he estado todo este tiempo?

HÉROES CAÍDOS

Con este fragmento de mi libro trato de plasmar la visión de una enfermera que ha trabajado en primera línea ante la desescalada y la perspectiva de futuro ante una posible segunda oleada. Esto no se ha acabado.

Pese a no ser una experiencia personal, he tratado de reflejar una perspectiva que os haga empatizar con el personal sanitario. No queremos aplausos, queremos un poco de sentido de común.

 

 

ÁLVARO

Contextualización: Día nosecuantos desde que se declaró el estado de alarma en España. Hace apenas un par de días que Euskadi ha pasado a la fase 1.

En este preciso momento tanto Oihane como yo hemos finalizado nuestros contratos de refuerzo en las plantas destinadas al covid-19. A diferencia de mí, ella estaba en la planta donde se destinaban a los pacientes con mal pronóstico.

Ahora nuestra misión se basa en mendigar días sueltos a las de contratación para poder pagar el alquiler y comer. Techo y comida.

Recuerdo aquella noche en la que yo estaba tratando de poner algo de orden en mi habitación cuando me pareció oír sollozos. Miren y Sergio estaban en el hospital, por lo que solamente estábamos Oihane y yo en casa. Salí de mi habitación y me acerqué a ver de dónde provenían los sollozos. Efectivamente, abrí muy despacio la puerta de su habitación y me la encontré tumbada en la cama llorando. Lloraba de forma muy sutil, como si tratara de bajar el volumen y no hacerse oír.

-Oihane, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?- le pregunté y me acerqué a ella. Me senté a su lado y le toque la espalda. Era obvio que no estaba bien, de lo contrario no estaría llorando, pero bueno. Ella se asustó un poco al verme allí, se giró de golpe y me miró.

-Jo, ya lo siento Álvaro, no te preocupes, hoy no es mi mejor día.- Me respondió ella frotándose la cara.

-Puedes contarme lo que quieras, dicen que se me da bien eso de escuchar.- Se me quedó mirando un momento.- Tengo todo el tiempo del mundo.- Le sonreí.

-Pues sin más, que estoy bastante cabreada, triste, decepcionada. Bueno, realmente no sabría definirlo; es una sensación rara, como una mezcla de cosas. Yo no sé si no tengo que salir a la calle o qué, pero ahora mismo no sé qué es lo que se supone que hay que hacer. Pienso que nada tiene ni pies ni cabeza y lo único de lo que sí que estoy segura es que tengo miedo.-

-¿De qué tienes miedo?-

-Pues de que toda esta historia se vuelva a repetir. Salgo a la calle y no puedo evitar sentir rabia, decepción y me cabreo con lo que voy viendo. Encima me siento ridícula por ir con mascarilla. Te lo juro que cuando veo que nadie la lleva, llego a sentir que me la puedo quitar, me siento rara y ridícula ¡Pero joder, no tengo que sentirme ridícula! He visto a gente muriéndose sola, ahogándose porque no podían respirar y acababan falleciendo sin poder despedirse de su familia. Cuando llamaban al timbre diciendo que no podían coger el aire yo trataba de poner todos los rescates de medicación que tuvieran para que no sufrieran, probaba con la mascarilla de máximo flujo para que pudiera llegarles algo de oxígeno. ¿Sabes cuál es el problema? Que esas personas ya tenían declarado un mal pronóstico y no había solución, lo único que se podía hacer era proporcionarles medidas de confort. Se ahogaban y me miraban depositando en mí toda la esperanza para que les quitara ese sufrimiento, para hacerles saber que no estaban solos. Han sido muchos los días que he llegado a casa sintiéndome agobiada, con la sensación de que no estaba haciendo lo suficiente.- Cogió aire, yo tragué saliva.- Y ahora cada vez que salgo por la calle no puedo evitar revivir aquellos momentos en el que veía a pacientes falleciendo ahogados y solos, sin poder despedirse de nadie. Cada vez que veo gente en grupo en las terrazas, gente sin mascarilla pasando muy cerca de mí no puedo evitar sentir miedo. No sé si estaré preparada para soportar esa segunda ola que dicen que está por llegar.-

-La verdad es que no hemos aprendido nada, es verdad. Jo, Oihane, no sabía que tenías todas esas cosas ahí acumuladas. Yo es que en mi planta veía a los que mejor estaban, por lo que no tengo ese recuerdo tan duro que tú tienes. Es normal que te sientas así, desahógate tranquilamente.- Ella tenía la cara encendida de rabia, completamente enrojecida. Era la primera vez que la veía reflejar toda aquella ira.- ¿Sabes lo que pienso? Todo esto que me cuentas me recuerda a aquellos soldados que fueron a batallar a la guerra y volvieron transformados. Después de batallar en una guerra no vuelves a ser el mismo, hay algo que cambia en ti y desde entonces te enfrentas a ver el mundo con otros ojos. Tú también has visto a gente morir sola, has tenido que aguantar mucho y alcanzar límites que quien trabaje en una empresa o en otro sector quizás no llegue a entender.-

-¿Y qué hago? Ahora que miro las cosas con perspectiva y soy consciente de todo lo que he visto, no puedo evitar cabrearme con la gente y con el mundo. Me cabrea, me decepciona.-

-Puedes desahogarte, que para eso estamos aquí nosotros. Yo entiendo perfectamente todo lo que me cuentas. Date tiempo, poco a poco irás viendo las cosas de manera más atenuada. Tú vete tomando las medidas oportunas. ¿Puede que venga una segunda oleada? Puede ser. Pero si cuando llegue el momento no te ves preparada para poder llegar a soportarlo, no te preocupes, que ya buscaremos otras salidas.- De repente se abrazó a mí  con mucha fuerza.

-Gracias, Álvaro.-

DIARIOS DE CUARENTENA

 

Aquí os dejo un fragmento del libro que estoy escribiendo actualmente “Todo lo que teníamos que ser”.

MIREIA

Ahora que estamos todos confinados en casa me siento como Anna Frank, porque puedo escribir una especie de diario entre cuatro paredes.

Quién sabe, quizás cuando el 2020 pase a la historia como una etapa preapocalíptica, mis memorias den la vuelta al mundo. Porque si lo piensas bien, esto podría considerarse una tercera guerra mundial. En el siglo XXI, en vez de lanzarnos bombas, hemos encontrado formas más retorcidas de cargarnos el mundo.  En fin.

Mejor cambio de tema, porque si sigo con este me sé yo de una que va a pasar otra noche en vela pensando en teorías de conspiración.

Antes de empezar, he de agradecer a Ana que me haya ofrecido encerrarme con ella en pleno centro de Madrid. Ahora que tras el cambio de curro puedo cobrar un sueldo digno, puedo también pagar un alquiler. Aplausos.

Ana, que yo creo que en otra vida debió de ser una especie de bruja o chamana, se veía venir todo esto que ha pasado, por lo que empezó a prepararse antes que todos nosotros. Dentro de esas gestiones preconfinamiento por pandemia mundial, se encontraba la de convencerme para mudarme con ella y así hacer el encierro más llevadero entre las dos.

Aquí me encuentro yo ahora mismo, teletrabajando más que nunca. A ver, no lo digo porque el teletrabajo sea algo nuevo, sino porque hemos empezado a recibir muchísimo trabajo. Llevamos temas laborales, ahí lo digo todo. A buen entendedor, pocas palabras.

He de reconocer que los primeros días de encierro no fueron los mejores, porque estuve bastante nerviosa. Volvió a mí esa conocida sensación que tengo cuando veo la palabra INCERTIDUMBRE escrita en mi cabeza.

Tuve varios momentos en los que sentía que no podía coger aire y que realmente me ahogaba. Ana me tumbaba en el sofá y me obligaba a concentrarme sola y exclusivamente en respirar. Me ponía su mano sobre la mía apoyada en mi tripa y contaba mis respiraciones ayudándome a que fueran más lento.

-Tranquila, Mireia, ya está, ya está, estoy aquí. Inspira, expira, un poquito más lento.- Es raro explicar lo que pasaba por mi cabeza cuando sentía aquello tan desagradable. Lo describiría como una gran incapacidad para hacer nada.  Cada vez que me pasaba, había dos palabras que se repetían una y otra y otra vez en mi cabeza “no puedo, no puedo, no puedo”. Sin parar. Y eso me invadía llegando a paralizar todo mi cuerpo.

Cuando entre las dos conseguíamos que mis respiraciones dejaran de galopar a caballo, mis músculos se relajaban poco a poco y lloraba un rato. Después de llorar ese ratito, a modo de descarga de esa tensión, me pegaba una buena siesta. Y ya está, tal y como había venido, se iba.

A medida que fueron pasando esos primeros días. yo poco a poco fui estableciendo nuevas rutinas y me fui haciendo a la idea de cómo eran las cosas. Teletrabajar en pijama pero formal por arriba (por lo de las videollamadas), cocinar, toma el sol asomadas a la ventana como dos perros cuando van en coche y hablar hasta las tantas ocuparía mis horas.

Ana, como persona hiperactiva y súper productiva que es, había empezado a crear muchísimo contendido digital, por lo que no estamos aburridas, la verdad.

Otro de nuestros grandes entretenimientos  es leer las “Cartas de Cuarentena”, la idea que Ana había tenido para que sus seguidores le contaran historias. Una especie de “Cartas  a Julieta”

¿Sabes todas esas cartas que mandaban los soldados a sus familias o amores durante bombardeos y explosiones? Pues es buen momento para simular algo así en versión 2.0. Gracias al whatsapp, las videollamadas y las redes sociales podemos incluso simular que nos echamos una siesta con alguien  que está en la otra punta del mundo. Sin embargo, hay algo que las cartas escritas a puño y letra tienen que no es comparable con nada. Son imperfectas. Hay momentos en los que la tinta se desgasta y se moja, deteriorando ligeramente alguna letra. ¿Lo que a mí más me gusta? Lo que se lee entre líneas, escondido en la caligrafía, las líneas que se tuercen y dicen de la persona que escribe mucho más que las palabras escritas.

En este momento, podría decir que los soldados son enfermeros, cajeros, médicos, policías, etc. Lo que pasa es que en vez de equiparlos como es debido, se ha pretendido que reutilicen chalecos antibalas que han sido agujereados y deteriorados ya. La historia que vivimos hace una décadas y que todos jurábamos que nunca se repetiría, se está repitiendo. Quizás por eso tengo la esperanza de que dejándolo por escrito, al igual que hizo Anna con su diario, quede constancia de algo.

Es una realidad que cuando todo pasa y llega la calma, el cerebro ahorra en sufrimiento decidiendo borrar lo malo. Con esto me explico cómo cuando Álvaro volvió a Madrid, mi cerebro borró la ruptura y los meses posteriores, dejando en primera línea sólo lo bueno. Cerebro, cabrón, menuda forma de marearnos a mí y a la humanidad que tienes.

Pues eso, a lo que iba, que esas cartas que le mandaban a Ana, ella las iba publicando y recopilando en su blog, como si de un tablón se tratara. Esas historias nos dan la vida. Hay de todo: declaraciones, historias, anécdotas, confesiones y mucho salseo. La fauna humana, lo llama Ana. Me encanta.

 

Espero que os haya gustado, esta cuarentena me está dando ese tiempo para poder escribir.

Os dejo aquí el link al primer libro que sí tengo publicado.

ESENCIA LIBRO click en link

Instagram @esencialibro

 

 

 

 

 

 

Conversaciones

Aquí dejo un pequeño fragmento del libro que estoy escribiendo. Una conversación entre uno de los personajes con su madre.

¿Dónde se encuentra el equilibrio?

 

ANA

Si hay una cosa de la que me he dado cuenta en estos últimos meses es que el discurso que me había montado no me estaba beneficiando. Pues sí, soy la típica amiga que se lleva las manos a la cabeza cuando su amiga vuelve corriendo a los brazos de su ex. Sí, la amiga que sale en todos los memes de whatsapp o Instagram.

Me considero una persona bastante independiente. Creo que no es necesario tener pareja para estar completo. Ni medias naranjas, sino más bien limones enteros. También pienso que la cultura musical y las comedias románticas han hecho mucho daño, y cuando repaso los libros que leía hace unos diez años me horrorizo.

Valoro mucho mi amor propio, el tiempo que me dedico a mí misma. Pienso que es súper importante conocerse a una misma y que este es un proceso que nunca acaba. Y también me considero alguien muy práctico; sufrir por amor me parece una auténtica gilipollez. “Si nunca te has enamorado no puedes entender lo que es eso”, me decían. Puede que fuera verdad. Pues tampoco, porque me he enamorado y sigo pensando lo mismo.

Y si digo que este discurso que digo que tengo montado no me beneficia a mí personalmente, es por algo. Y por una vez en mi vida me he puesto a darle al tarro y he tratado de entender por qué valoro tanto mi independencia y qué peligros tiene para mí si lo llevo al extremo.

A raíz de una conversación que tuve con mi madre, me dijo que culturalmente y tradicionalmente el rol de mujer siempre ha sido más el de cuidar que el de recibir cuidados. La mujer ha sido educada para aprender a dar más que para recibir, me decía.

-Yo, personalmente, prefiero esforzarme porque la gente esté a gusto y a veces me callo mis propias necesidades.- me decía mientras comíamos en uno de nuestros restaurantes favoritos de la calle Pez. Era cierto, nada más servirnos nuestros platos en la mesa ella me ofreció probar del suyo antes siquiera de empezar ella a comer. Yo, por mí parte, no le ofrecí; la ración esta vez era bastante justa y era probable que me quedara con algo de hambre, pensé en el momento.

-Pues a mí me pasa lo contrario; peco de ser más egoísta y pensar en mí.- le decía yo al respecto.

-Si te das cuenta está más generalizado en la mujer el rol de cuidar, de dar. Hay incluso un libro con ese título: “Las mujeres que amaban demasiado”; amar podría hacer referencia a dar, dar demasiado. Yo lo vi desde siempre en casa; tu abuela era la que hacía las tareas del hogar, la mujer recolectora, la que se encargaba de las compras y de cuidar y criarnos a nosotros. Y sí, aunque las cosas han ido cambiando y los roles hayan evolucionado, son muchas las chicas de tu edad que siguen diciendo que sus novios que no llegan a los 30 les “ayudan” en casa.- argumentaba mamá.

Yo me paré a pensar en esto en un momento y se me encendió una bombilla en la cabeza, me di cuenta de que era verdad. De ahí surgían muchos de los males que atormentaban a muchas de mis amigas.

-Tienes razón, es verdad. A mí alrededor veo que son muchas de mis amigas las que se quejan de que sus novios aportan menos a la relación que ellas, que están cansadas de dar y de no recibir. Puf, ahora que lo pienso, esto es algo que se repite mucho, mamá.-

-A mí también me pasó con tu padre, cariño, yo me cansé de estar siempre ahí y de sentir que había muchísimas prioridades por encima de mí, ya lo sabes. Por eso ya no estamos juntos.- asentí con la cabeza. El divorcio de mis padres ya es algo que había prescrito; las cosas están bien entre ellos ahora, tienen una relación cordial.- ¿Y sabes cuál es el error que se tiende a cometer? Hablo por mí y también por lo que muchas personas me han contado, Ana. Por dentro nos comemos las palabras, pensamos que no recibimos en proporción a todo lo que estamos dando, pero no lo decimos. A veces también me pasa contigo, hago algo por ti y luego cuando me enfado contigo te echo en cara que tú no nunca haces nada por mí. No sé si me explico.- no puedo evitar reírme; tiene toda la razón.- Y lo malo es que todo lo que me callo se me acumula y luego cuando todo rebosa sale estallado de cualquier manera.-

-Cuando mis amigas me vienen con esos problemas lo que yo no logro entender es la necesidad de hacerse las mártires, de callar, de guardarse lo que piensan y creer que sus novios son adivinos. Así, como si por arte de magia ellos fueran a entrar en sus cabezas y saber exactamente lo que quieren. Jolín, si para algo tenemos la boca es para hablar, nadie es adivino.- No puedo evitar poner los ojos en blanco.- Y tú mamá, ¿has conseguido mejorar eso con el paso de los años o sigues anteponiendo el dar antes que el recibir?-

-Se va aprendiendo, Ana. Con el paso del tiempo una se va conociendo e identificando las cosas que tiene que trabajar para poder estar mejor. A raíz de las experiencias que he ido teniendo y las cosas que me han ido tocando he ido amoldando en consecuencia.- me dijo mirándome fijamente a los ojos a la vez que apoyaba el tenedor hacia el borde del plato.

-¿Hay algo que harías de otra forma si pudieras ahora?- le pregunté, curiosa.

-Pues sí, ahora sé que si no me hubiese callado tanto las cosas no hubiese acumulado y rebosado cuentas pendientes. Pero bueno, cada uno es como es y el tiempo y las circunstancias nos moldean, y ya está. –

-Sí, ya sabes eso que se dice; si las cosas no hubiesen sido como han sido, ahora no estarías en este punto.- Intervine yo.

-Puede ser. Lo que está claro es que es difícil no irse de un extremo a otro. A veces cuando das mucho, das, das y das llega un momento en el que sientes que no te compensa y te puedes llegar a volver muy fría. Te cierras en banda y saltas al otro extremo. Es como una especie de efecto rebote; ves que ser generosa, leal, dispuesta en exceso te expone a que te puedan hacer más daño. Así, de golpe, te puedes llegar a cerrar en banda, construyes como una especie de caparazón que te hace parecer insensible, fría. O al menos tratar de parecerlo para no volver a pasarlo mal.- Yo también dejé los cubiertos sobre el mantel y me levanté para sentarme a su lado y pasarle el brazo sobre los hombros.- Pero en eso consisten las cosas, en ir aprendiendo, en ser un poco consciente de eso y corregir. El tiempo me ha vuelto a ablandar otra vez, pero ahora dosifico más a quien doy.- Me aclaró ella agarrando mi brazo y girándose para acariciarme la cara.- Ana, tú no eres tan blandita como yo, tu eres diferente. Eres más dura.-

-Pues sí, mamá. Puede ser. Es verdad que me doy cuenta de que no me gusta eso de sufrir de forma gratuita, así porque sí. Me valoro mucho, valoro mis necesidades, tengo mucho orgullo y me respeto, y todo eso. Pero la contrapartida de esas cosas es que joder, puedo llegar a pecar de ser bastante egoísta si no pongo freno a ese yoísmo.- Darme cuenta de eso me hizo sentir como una pequeña patada en el estómago. Au. En ese momento me vinieron a la cabeza bastantes situaciones en las que había pecado de tirana y egoísta a raíz de esa tendencia que tengo.

-Ai, Anita, ¿y dónde se encuentra el equilibrio entre nosotras dos?- me sonríe ella.

-Pues en hablar como lo estamos haciendo ahora y aprender de lo bueno de la otra.-

Norte de Italia y Suiza

Acabamos de volver de uno de esos viajes que superan nuestras expectativas.

Comencé a planificar este viaje hace tiempo y a raíz de mirar Milan descubrí el Lago de Como. Y finalmente fue Yon quien me descubrió el Bernina Express y la posibilidad de visitar la frontera entre Suiza e Italia. Esto último no estaba en mis planes, y menos mal.

He de decir de antemano que en mi opinión Milán ha sido la parte más floja del viaje.

El lago de Como esta rodeado por diferentes pueblos entre los cuales estan: Varenna, Bellagio, Lenno y Bellano, entre otros.

Nosotros optamos por alojarnos un par de noches en Bellano y creo que esto ha sido un acierto. Bellagio y Varenna son lugares espectaculares, pero al ser temporada baja (Noviembre), estos están bastante vacíos ya que son destinos enfocados al turismo.

Bellano, por su parte, es un pueblo más residencial en el que había más vida y gente local. Personalmente, me gusta ver el ambiente y la vida de los locales.

A la hora de visitar los pueblos que rodean el lago, hay que coger el ferry, para el que existen combinaciones que permiten ver distintas zonas. Sin embargo, al ser temporada baja, había menos frecuencia de horarios y tuvimos que ir en tren a Varenna para coger el ferry desde allí. (La conexión Varenna a Bellano cuesta 1.4 euros en tren y tarda apenas 7 minutos).

Varenna y Bellagio son lugares de veraneo de lujo. En estos dos sitios hay muchos restaurantes y hoteles, pero menos vida en invierno.

Nosotros cogimos un apartamento en Bellano, cuyas ventanas daban al lago. El apartamento estaba situado justo encima de este, de modo que lo primero que veías al despertar era el amanecer sobre el Lago de Como. Espectacular. Nos salió muy bien de precio y la anfitriona fue súper simpática. Pese a que la casa estaba a apenas dos minutos de la estación, vino a recogernos en coche y estuvo a nuestra disposición en todo momento. Si quieres visitar los Lagos y te interesa el alojamiento, contacta conmigo y te pondré en contacto con el alojamiento.

Tras pasar dos noches en Bellano, salimos temprano para dirigirnos a Tirano, desde donde cogeríamos el Bernina Express. Sin duda creo que esta fue la mejor parte del viaje.

Para la ida cogimos el Bernina Express con ventanas panorámicas (34 euros) y para la vuelta cogimos el tren regional (18 euros). La duración total del trayecto es de dos horas y media.

RECOMENDACION: Considero que merece más la pena coger para la  ida y la vuelta el tren regional, debido a que en este se pueden bajar las ventanillas y ver mejor el paisaje. Es cierto que en el Bernina, las ventanas son panorámicas, pero me parece mejor poder bajar las ventanas y ver el paisaje sin cristal de por medio.

Cogimos el trayecto que sale desde Tirano y llega a Sankt Moritz. Existen más modalidades y combinaciones, pero esta fue la que mejor se adaptaba a lo que queríamos nosotros. Se pueden coger los billetes para el tren panorámico en la página oficial de Rhb, donde el cambio de moneda se realiza sin problemas y sin pérdida. El tren regional lo reservamos vía Trainline (app móvil).

Las vistas son una auténtica pasada. A lo largo del trayecto pudimos ver el cambio de paisaje. A medida que subíamos de altura y llegábamos a Suiza, se veía como pasaba de un paisaje otoñal a otro completamente nevado. La nieve y las montañas no se distinguían, todo quedaba cubierto de una densa capa de nieve. A medida que ascendíamos íbamos viendo como la capa de nieve se iba haciendo más y más densa.

Tras dos horas y media de viaje llegamos a Sankt Moritz, un lugar de esos que te dejan con la boca abierta. Además del lago, las montañas nevadas y las altas superficies que te permitían ver el panorama desde lo alto, destaco el diseño tanto interior como exterior de los edificios.

Es verdad que hacia mucho frío, pero íbamos preparados para ello y los espacios interiores también lo están.

Sankt Moritz es un pueblo lleno de tiendas de lujo, marcas de alta gama, casas de cuento y lugares muy acogedores. Muy diferente a lo que había visto hasta el momento. El nivel de vida es muy alto, la media de los precios es bastante superior a Italia. Un café costaba 6 francos, una hamburguesa 19 francos, como referencia.

El pueblo consta de tres zonas; la zona del centro histórico, con tiendas (de lujo, de alta costura y joyerías en general) y restaurantes. En segundo lugar está la zona más residencial, en la que hay más vida de gente local y por último está una zona donde hay casas de lujo. Según nos dijo un local, la casa más barata de esta última zona esa valorada en 30 millones de francos suizos.

Justo al lado de la estación de tren hay un mirador desde el que se puede ver todo el lago, las montañas nevadas y el pueblo desde lo alto.

FRANCOS SUIZOS: La moneda de Suiza es el franco. Nosotros, al visitar Suiza por un día, no cambiamos euros a francos. Allí es posible pagar en euros, pero te devuelven el efectivo en francos. Si pagas con tarjeta, es posible hacerlo en euros.

Nosotros para los viajes tenemos la tarjeta Bnext, que queda libre de comisiones. Si me pides una invitación para crearla, consigues 5 euros de regalo. La Bnext es un puntazo para sacar dinero y pagar en el extranjero sin comisiones. El pago en Suiza con la Bnext se hace en euros y el cambio se realiza directamente desde la aplicación (automático),  sin perder nada con el cambio de moneda. Te mandan incluso un correo explicándote y notificándote la operación que se ha realizado.

Regresamos aquella noche a Tirano y cenamos en un restaurante que estaba junto a nuestro Bed and Breakfast.  El restaurante se llama Sale e Pepe, muy recomendado. Para ser un miércoles por la noche el restaurante estaba lleno de gente italiana. Muy recomendable.

Alojamiento en Tirano: Tirano Bed and Breakfast. Super recomendado. Una noche dos personas 50 euros con dos opciones de desayuno (dulce y salado) muy abundante y con mucho cuidado en los detalles. La habitación también era un ático muy acogedor con baño privado, decorado con muy buen gusto.

El último día regresamos temprano a Milán. Allí nos alojamos en el Quartiere Giardino, en una zona llamada el Burano Milanés,  con casas de colores que recuerdan a las de Burano.

A tan sólo unos 15 minutos andando llegamos a la Plaza del Duomo y las Galerías Vitorio Emmanuelle II. Impresionante. La zona del Duomo está llena de tiendas de lujo y nos llamó la atención la elegancia de la gente al vestir. Nos recordó a París en este sentido.

Continuamos andando hasta Brera, el barrio bohemio que yo comparo con Malasaña de Madrid. Allí había muchas tiendas vintage, galerías de arte, restaurantes italianos y ambiente más alternativo.

DESPLAZAMIENTOS:

Shuttle bus del aeropuerto de Malpensa a Milán Central 16 euros ida y vuelta abierta. Se puede coger en el propio aeropuerto y llegan de forma continua a la T1 y T2.

Red de trenes Trenitalia para movernos de Milán Central a Bellano, Varenna, Tirano. Compramos los billetes a través de la aplicación Omio o Trainline, que te guarda los billetes en la propia aplicación.

Si coges hora concreta de un tren no hace falta validarlos, pero si coges con hora abierta hace falta validarlos en la parada de tren. (Maquinas amarillas).

APPS UTILES:

Desplazamientos: Omio y Trainline.

Descargar la tarjeta Bnext.

Alojamientos: Booking.

Este viaje me ha sorprendido mucho y superado las expectativas que tenía.

Pese a que era temporada baja para visitar el lago, el color del cielo y las nubes que rodeaban las montañas nevadas daban lugar a un paisaje espectacular. Al ser otoño,  las montañas nevadas de fondo se mezclaban con los tonos marrones de los árboles. A continuación dejo unas fotos de los paisajes.

LAGO DI COMO: BELLANO, VARENNA Y BELLAGIO

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BERNINA EXPRESS DE TIRANO A SANKT MORITZ:
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MILÁN: CATEDRAL DE DUOMO, GALERIAS VITORIO EMMANUELLE II Y QUARTIERE GIARDINO

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