A las 12:45h

 

 

A las 12:45h el tiempo se detiene, de pronto dejan de contar los segundos que giran con las agujas del reloj. Existen momentos en los que el tiempo parece querer congelarse, hay quienes dejan de contar ese tiempo de forma inesperada, sin haber incluido ese detalle dentro de sus planes. Para otros sin embargo, ese mismo momento constituye un giro de 360º en lo que hasta entonces había sido su vida. Así, en un abrir y cerrar de ojos, sin haberlo esperado aquella misma mañana al despertarse. Finalmente también están esos otros que quedan ajenos a lo que sucede a esa misma hora en cualquier otro lugar. A las 12,45h la gente continúa su camino por inercia, creyendo tener todo el derecho de seguir contando cada minuto que indican las manecillas de su reloj.

-La ama y los abuelos han tenido un accidente. La ama y el abuelo están bien, pero la amama no pinta nada bien. Te mantendré informada, de momento no te puedo decir más.- me dijo la voz del aita tratando de sobreponerse a esas ganas de llorar que lo trataban de ahogar.

Me quede paralizada, no sabía cómo lograr que mi cerebro descifrara aquellas palabras. ¿Un accidente? Un calor que subía desde mi estómago hasta la boca me invadía de manera repentina. Estaba frenética. Una vez colgada la llamada, podía sentir como un cúmulo de miedo, incertidumbre, asombro e incredulidad peleaban dentro mí. No era posible. Lo único que tenía claro es que comenzaba a faltarme el aire y que solamente quería llorar.

Cogí el teléfono y avisé en el trabajo para decir que aquella tarde no podría ir. Yo no sé cómo entendieron lo que les dije, ya que ese calor y mis lágrimas habían cerrado por completo mi garganta y apenas podía vocalizar. Joder.

El aita volvió a llamar con algo más de información.

-El coche del carril contrario se ha metido en su carril y se les ha venido encima. Ha venido un helicóptero y una ambulancia, están reanimando a la amama.- ¿Cómo qué la están reanimando? No puedes estar reanimando a una persona de forma perpetua.

En ese momento lo supe.

-La amama está muerta. Joder, joder, joder. Hijo de puta, yo lo mato. ¿A Ana le has llamado? Le voy a llamar.-

-Yo voy de camino a casa, espera a que llegue yo para llamarla, que está en clase.- era evidente que ambos estábamos peleando por tratar de mantener a raya esa oleada de emociones que trataban de dominarnos.

Al rato el aita llegó a casa y en unos minutos la ama le llamó para confirman las palabras que yo antes había pronunciado. La amama estaba muerta.

-Yo lo mato, pedazo de subnormal que ha matado a mi abuela.- sentía una rabia muy intensa que trataba de salir, me resistía a creerlo, no podía haber pasado aquello. El aita lloraba, tratando de frenar un poco el llanto para llamar a Ana y contarle lo sucedido. Ella estaba estudiando en Madrid, pero debía coger un autobús para venir hacia aquí.

Al abuelo se lo habían llevado en helicóptero hacia el hospital de aquí, así que debíamos ir hacia allí para juntarnos con él. Se me hacía muy extraño realizar el mismo trayecto que hacia todos los días para ir a trabajar sabiendo que en vez de ponerme el pijama azul, me encontraba al otro lado de la línea.

La tía estaba de camino hacia el lugar del accidente, donde tras juntarse con la ama, cogerían un taxi para llegar también al hospital y ser atendida en urgencias. No estaban en condiciones para conducir, aquellas imágenes quedarían grabadas en su cabeza.

El coche había quedado completamente destrozado. Siniestro total.

El aita y yo salimos de casa camino al hospital, cuando llegamos a urgencias preguntamos por mi abuelo, contamos lo sucedido y dijimos que estaba siendo trasladado en helicóptero. Estaban pendientes de la llegada, pero todavía no se encontraba allí.

Nos sentamos en la sala de espera y a los pocos minutos vimos que mi abuelo aparecía por la puerta en una camilla.  Llevaba una mascarilla con oxígeno y estaba inmovilizado por seguridad. Rápidamente lo metieron en una sala para poder dedicarle una atención plena, realizar las pruebas pertinentes y decidir en consecuencia.

Nos volvieron a llevar a la sala de espera. Éramos incapaces de estar sentados en aquellas sillas rodeadas de más gente con diferentes dolencias.

Yo había avisado previamente a mi novio, que estaba trabajando como enfermero en la UVI por la mañana. En aquel momento lo vi aparecer en la salita de urgencias, donde le había informado que estábamos. Son esos momentos en los que los ojos lo dicen todo y sientes que algo se rompe por dentro.

-Si ayer estuvimos comiendo con ella.- me dijo. Yo asentí con la cabeza tragando saliva, lo cual parecía un trabajo difícil.

Estábamos pendientes de que la tía y la ama llegaran a urgencias, así que nos acercamos a la puerta como si de aquella forma pudiéramos adelantar su llegada. Es horrible describir la expresión de nuestras caras en aquellos momentos. Es una gran sensación de impotencia, asombro, tristeza y rabia.

Nuestras caras empapadas por las lágrimas fueron apoyándose en nuestros hombros a modo de abrazo. Podría describirlos como abrazos largos y fuertes que tratan de decir muchísimas cosas y no saben cómo.  Más aún en esos primeros momentos tras haber recibido la noticia. Nuestros cerebros viven una pelea interna que trata de codificar esa información que ha recibido. No quieren hacerlo, no puede ser.

La ama estaba bien, no se había hecho nada, pero tenía que ser valorada por los médicos para descartar cualquier cosa que no fuera perceptible a primera vista. Bien físicamente, por supuesto, lo demás es un caso aparte. Tenía la camisa manchada ligeramente de sangre que más tarde me dijo que era de la amama. La cara desencajada, sin palabras, a mí se me partió el alma. Afortunadamente ellos dos estaban bien, pero no me puedo hacer a la idea de la experiencia tan traumática que ella tenía en su cabeza.

Nos condujeron a todos a otra sala de espera que estaba situada más cerca de donde se encontraba el abuelo. Poco a poco empezó a llegar más gente; mis tíos paternos y la prima de mi madre. Demasiados estímulos para nuestras cabezas, mucha información condensada en un margen muy corto de tiempo.

Había que comenzar a moverse y hacer trámites relacionados con el funeral, la esquela, el tanatorio y la autopsia, entre otras cosas. Era una auténtica oleada de datos que no podíamos asimilar tan rápido.

Recuerdo que en aquel momento todo el mundo estaba en movimiento, contactando con diferentes personas por móvil. Había que avisar a la familia de lo sucedido, contactar con las hermanas de mi abuelo, entre otras personas.

A mi lado había una silla vacía en la que estaban colocados un cúmulo de bolsos de todos los que estábamos allí, incluyendo el bolso que mi abuela llevaba aquella mañana. Joder.

Mi madre entró en la consulta del médico de urgencias acompañada por mi padre, nosotros nos quedamos en la sala de espera. Salió la enfermera a comunicarnos que el abuelo estaba bien y que podríamos entrar un par de minutos a verlo.

Cuando entramos él estaba tal y como lo había visto cuando entró por la puerta de urgencias. Nos acercamos a él por los laterales, para que pudiera ver nuestra cara y oírnos.

-¿Qué tal estás?- le preguntó la tía.

-Me duele la espalda, pero estoy bien.-

-Es normal, es que te tienen inmovilizado pero pronto te quitarán las cosas que llevas puestas.-

-¿Qué tal están la ama e Inés?-

-Inés está bien, le están viendo otros médicos y haciendo pruebas. Pero la ama está grave, la están atendiendo.- contestó mi tía tratando de coger aire suficiente para pronunciar las palabras.

El médico de urgencias nos comunicó que el abuelo estaba bien, que no había sufrido ningún daño demasiado grave. Se había roto el esternón, y aunque en principio no precisaba de cirugía por no haber desplazamiento, habría que seguir vigilando.

También les había parecido percibir que el bazo estaba ligeramente lacerado, pero deberían descartar o verificar que así fuera. No había nada que a primera vista pareciera ser demasiado grave, pero necesitaba ser trasladado a la unidad de cuidados intensivos para poder estar vigilado durante unos días.

Casualidad, le trasladaban al mismo control en el que Juan trabajaba así que podríamos tener a alguien de referencia allí dentro. Una vez que llevaron a mi abuelo al box que le correspondía, subimos mi tía, su prima, Juan y yo a la UVI, y en una sala de espera muy grande esperamos a ser avisados por el intesivista que lo había valorado.

Al rato subieron mis padres, tras haber verificado que la ama no se había hecho nada grave, que no existía ninguna lesión que no se viera a primera vista. Entramos a ver al abuelo, que se encontraba tumbado en la cama con expresión asustada. Me pareció muy vulnerable, peleando contra ese cúmulo de circunstancias que escapaban de su control. Impotencia, una vez más.

Habíamos decidido que todavía no le íbamos a anunciar que la amama había fallecido. Esperaríamos a que su situación fuera algo más leve y no existiera mayor riesgo para él. Una vez más, de forma inevitable, volvió a preguntar por ella.

-¿Cómo está la ama?- mi madre se acercó a él y con un tono de voz que trataba de abastecerse de fortaleza le respondió.

-Papá, tienes que hacerte a la idea de que la ama está muy grave, que la situación no pinta nada bien.- mi abuelo apretó la mandíbula y cerró los ojos maldiciendo la situación.

-¿Pero dónde está? No estéis todos aquí conmigo, que alguno vaya a estar con ella.- yo notaba como ese cúmulo de emociones tan devastadoras apretaban mi garganta una vez. Mis ojos trataban de evitar que las lágrimas pudieran salir de ellos.

-Ahora no podemos estar con ella, la están atendiendo, nosotros no podemos hacer nada por ella.- Todos nosotros queríamos transmitir algo de nuestra fuerza al abuelo en esos momentos, la cual parecía ser insuficiente.

Las horas de visita de la UVI son restringidas y solamente en el momento del ingreso se permite que pasen al box más de dos acompañantes. Durante el horario habitual de visitas solo estaba permitido que entraran dos personas. Una vez excedido el tiempo de visita, salimos del hospital.

Ana estaba a punto de llegar desde Madrid. Había cogido bus nada más ser partícipe de lo ocurrido, por lo que íbamos a ir a recogerla a la estación de autobuses. Por su parte, mi tío también estaba llegando en coche desde Valencia, tardaría un par de horas más o menos en llegar aquí.

Según me dijo Ana, su trayecto en bus había sido para ella como cualquier otro, se le hacía muy raro, casi imposible asimilar lo que había sucedido. No era consciente de ello. Cuando bajó del autobús vio nuestras caras, cubiertas de expresiones absolutamente inundadas por la tristeza. Aquella fue como una muestra de realidad que le hizo ser más partícipe de la situación. No obstante, su cuerpo se dejaba contagiar por lo que el propio ambiente reflejaba, así de simple. Las cosas eran casi imposibles de creer, un jarro de agua helada que replanteaba toda nuestra realidad.

Al poco tiempo de llegar a casa y dejar las cosas, también llegaron mi tío y su mujer. He de decir que al igual que Ana, mi cerebro no lograba interpretar esos momentos, no sabía cómo ubicarlos en mi disco duro. Era todo muy raro y también muy triste.

Todos y cada uno de nuestros teléfonos móviles no paraban de sonar anunciando la llegada de mensajes y llamadas. Sin embargo, en nuestra casa se hizo el silencio. No había palabras para describir lo que había sucedido.

Personalmente, me he dado cuenta de que cuando algo desmorona mi mundo y percibo una falta de control ante mi realidad, tiendo a intentar racionalizar las cosas y enfocarme en la tarea. ¿Necesitáis algo? ¿Un vaso de agua? Es como si organizando y enfocando en otro tipo de actividades pudiera sentir que esos otros aspectos no se escapan de mi control.

Aquella era una de esas situaciones que siempre salen en las películas pero que nunca te iban a ocurrir a ti. Cada vez que respondía a una llamada y relataba los hechos a cada una de aquellas personas, sentía que aquella historia no me pertenecía. Era como si me hubiesen contado una película y yo estuviera repitiendo el discurso una y otra vez, no creía que aquello fuera algo mío.

-Yo te cuento lo sucedido con todos los detalles que he ido recopilando a medida que iba obteniendo datos que resolvían mis incógnitas y daban forma a la escena. A medida que más preguntas resolvía y más sabía acerca de lo sucedido, la historia que contaba cogía más forma. Sin embargo no asimilo que esto que estoy contando repercuta en mi familia. Todavía pienso que cuando vuelva a su casa ella me estará esperando allí, sentada en una de las dos butacas que tenían el abuelo y ella. No percibo la posibilidad de ver esa butaca vacía.-

Es injusto, joder. Qué fina es la línea que separa la vida de la muerte. Ahí estamos nosotros, pensando que tenemos el derecho a seguir vivos día tras día. Creemos que estas cosas les suceden otros, nunca nos va a suceder algo así a nosotros. Nunca. Eso creemos. Sería horrible martirizarse a diario creyendo lo contrario.

Aquella noche fue larga pero caí rendida del propio agotamiento, consiguiendo dormir algunas horas seguidas. A la mañana siguiente desperté recordando todo lo sucedido y comprobé que era real. Subí a la habitación de la ama para ver cómo se encontraba y he de decir que la expresión de su cara me volvió a partir el alma una vez más.

-Estoy muy angustiada. Anoche me tomé una pastilla para poder dormir algo y me he levantado sin saber bien qué debía hacer. Me he puesto a pensar en si me tocaba ir a trabajar y entonces he vuelto a recordar todo otra vez. Mi mamá, pobrecita.- lloraba de forma desconsolada, rabia, tristeza e impotencia. Una vez más.

¿Qué respondes ante eso? No hay palabras que puedan decirse en esos momentos, todo sobra. Ojalá tuviera el poder de quitar todo ese dolor que nos inunda el alma, pero no existe analgesia suficiente para callar esas voces que nos desgarran por dentro.

Mi parte racional quiere agarrarse a la realidad, asumiendo que es la única que tenemos en nuestra mano. Es imposible deshacer lo sucedido, hay que agarrarse al presente y actuar sobre él en la medida de nuestras posibilidades. Mi parte racional piensa que sigo teniendo madre y abuelo, que ellos están fuera de peligro, lo cual es muy importante.

Pero esa parte racional trata de amarrarse como puede a la razón y la coherencia para no perder el control y hacerse daño pensando en lo que podía haber sido y no fue. Sabe que eso escapa de su control y el descontrol es algo que rehúye a toda costa.

Esos primeros momentos tuvieron lugar a toda velocidad. El funeral, el ingreso del abuelo y el regreso a su casa después de recibir el alta. Es entonces cuando todo el ruido de esos días se apaga y abres los ojos ante lo sucedido. Ella no está. ¿Cómo organizamos la situación teniendo en cuenta que lo sucedido rompe con lo predispuesto? Ese es el reto, una responsabilidad de gran calibre que sin quererlo ni esperarlo ha caído en nuestras manos.

Ya ha pasado poco más de un mes desde que el accidente tuvo lugar y alteró el marco que teníamos en la familia. El anterior texto fue escrito aquella misma semana, ya que sentía que escribir era una buena forma de descargar y tratar de ordenar ese caos emocional que había surgido de forma tan brusca y repentina. Las palabras están repletas de todo aquello. Ira, tristeza, asombro, rabia, pena, incertidumbre, miedo. No sabía qué hacer con todo aquello, nos había pillado por sorpresa.

Como enfermera, trato a diario con personas con historias de todo tipo, situaciones bruscas e inesperadas que cambian su realidad de la misma forma que a nosotros. Sí, creía ser consciente de la valía del presente, de la propia vida en toda su magnitud. “Disfruta de lo que tienes, aprovecha el momento”, me decían muchos pacientes que veían el final como un desenlace inminente. Inconscientemente creía ser consciente de ello. ¿Pero sabes cuál es el problema? Que sin darnos cuenta creemos que este tipo de historias solo las viven otras personas, no concebimos la posibilidad de ponernos al otro lado de la línea. Aquella tarde en vez de ir a trabajar como otros días, tuve que esperar en la sala de espera de la UVI para poder ver a mi abuelo. Aquella tarde sentí el miedo y la rabia que se siente cuando alguien se va y deja un vacío irreemplazable. Y aquella tarde no estaba en mis manos poder poner analgesia suficiente para borrar el dolor que mi abuelo sentía. No podía. Ese dolor era algo imposible de hacer desaparecer.

A partir de esta situación que ha sido para nosotros como un jarro de agua fría la interpretación que teníamos de la realidad ha cambiado por completo. Hemos sido conscientes de la vulnerabilidad que caracteriza nuestra condición humana, y esto da mucho miedo. Personalmente he sentido una profunda impotencia al ver que no podía hacer nada para paliar el sufrimiento que se había generado en mi entorno. No existen fármacos para eso. Dicen que el tiempo todo lo cura, el tiempo y el apoyo que nos proporcionamos. Quizás sea así, pero hechos inesperados e injustos como este se quedan clavados en la mente como si de una tinta imborrable se tratara.

El 17 de Septiembre a las 12:45h el tiempo se detuvo para ella. A las 12,45h la gente continuó su camino por inercia, creyendo tener todo el derecho de seguir contando cada minuto que indican las manecillas de su reloj.

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CRISIS DE LOS 25 O CUARTO DE VIDA

Aquí os dejo el comienzo del nuevo material en el que voy a comenzar a trabajar. Estoy interesada en el tema de las crisis existenciales. A lo largo de nuestra vida atravesamos diferentes etapas que precisan de un cambio interno. Llega un punto en el que lo que veníamos haciendo deja de servir y debemos evolucionar.

Me interesa especialmente la crisis de los 25, ya que parece ser algo muy común. A los 25 se supone que se espera de nosotros que tengamos un trabajo estable, madurez, ideas claras y los pies sobre la tierra. Sin embargo, son muchas las veces en las que las circunstancias no son esas precisamente. Si te encuentras más perdido que un pulpo en un garaje y sientes que las cosas debían de ser diferentes a estas alturas de la película, no desesperes.

CRISIS DE LOS 25

Vale, ahora puedo confirmar que no me estoy volviendo loca. Parece ser que lo que me está pasando tiene nombre. Lo pone en Wikipedia: crisis de los 25 o de cuarto de siglo. Se supone que a estas alturas debería ser una persona adulta que tendría que saber lo que quiere hacer con su vida.

Me paso todo el día evitando abrir Facebook o Instagram. Lo detesto. Todos mis contactos parecen querer recordarme lo perdida que me siento y lo estancada que sigo. Cuando tenía 18 años pensaba que en este momento la película estaría más avanzada. ¿Cómo se supone que debo sentirme?

Me enerva ver a gente de mi edad comprometiéndose con sus parejas, comprándose casas y realizando viajes espectaculares. Por supuesto; disponen de sueldos que pueden financiar todo eso.

Mientras tanto, aquí sigo yo; mi novio me ha dejado después de pasar 10 años juntos. Ahora va y dice que necesita experimentar. Parece ser que por mi culpa se ha perdido oportunidades y experiencias que solo se viven siendo joven y soltero. Dice que empezamos a salir cuando éramos unos críos y que todo avanzó demasiado deprisa, sin darle mucho tiempo a asimilar lo que estaba sucediendo. Según él, le partía el alma tener que decirme aquello, pero no quería cerrarse a probar otras opciones. ¿Ah sí? Pues tú te lo pierdes, chaval. Pensaba que me tenías algo más de respeto después de estos años.

Encima va el muy cabrón y me deja por audio vía whatsapp. Un audio de varios minutos exponiendo claramente sus motivos, sí, pero un puñetero audio al fin y al cabo. 10 años. Y me deja por audio. Cabrón.

En estos momentos necesitaría irme lejos, pegarme uno de esos viajes que te quitan el hipo y las penas. ¿Cuál es el problema? Que no hay dinero, señores. Y tampoco preveo que vaya a disponer de una cantidad digna para planificar nada sólido.

Estoy empezando a pensar que mi madre me ha aumentado la paga por pena.  La paga y lo que no es la paga, porque mi sueldo de becaria no me llega ni para cañas. No tengo medios suficientes ni para financiar alcohol y así poder beber para olvidar.

Porque esa es otra, hace tres años que acabé Ingeniería y parece que voy a pasar toda mi vida siendo becaria. Y no, en Madrid no puedes pagar un alquiler, comida y transporte con lo que yo cobro.  No se puede.

“Tienes suerte de vivir en Madrid” me dijeron. “Madrid es una ciudad cosmopolita llena de oportunidades para gente joven con ganas”, Todo mentira. Y si no, ¿cómo lo hace la gente? Yo lo único que sé es que si renuncio a este contrato, tardarán apenas quince minutos en encontrar a otra ilusa. Sí, otra ilusa que tenga la esperanza de ser contratada, ascendida y llegar a cobrar un sueldo digno.

Menos mal que mis padres me quieren y siguen dándome comida y techo. De lo contrario, no sé qué sería de mí. Como becaria se cobrará poco, pero horas meto como nadie; mi vida parece limitarse a comer, dormir, ducharme, trabajar y hacer mis necesidades fisiológicas. Mi madre me ha dicho que pruebe a dejar este contrato para continuar estudiando y buscar alguna otra cosa. No sé, yo sólo sé que no sé nada. Ya sé que el tema económico no supone un problema en casa, pero a mi edad me da cargo de conciencia no trabajar.

A veces envidio a Ana, mi mejor amiga, que se dedica a vivir la vida y disfrutarla, gozando de la fortuna familiar de la que disponen. Sólo tiene que pasarse por el hotel de su padre dos días por semana y darle publicidad. Y por esos dos días cobra más que yo en tres meses.

Aquí sigo tecleando en Google, mi fiel amigo que me da respuestas a todas mis incógnitas. En ocasiones solamente consigo asustarme y preocuparme más que antes de haber comenzado la búsqueda, pero no me rindo. “Crisis existenciales”, clic. Parece ser que las crisis existenciales son algo muy común y natural durante el propio proceso vital.

Durante nuestra vida vamos atravesando por diferentes etapas que requieren de un cambio a nivel interno, ya que las estrategias que hasta el momento veníamos utilizando yo no nos son útiles. La década de transición de los 20 a los 30 parece ser un momento clave en lo que conformará la base de lo que seremos el resto de nuestra vida. Joder, pues entonces vamos mal porque si mi vida va a ser lo que estos creando ahora la llevo clara.

“Esencia” ya está disponible!

Me alegra anunciar que después de atravesar el proceso de redacción, diseño de cubierta, búsqueda de editorial y todos los trámites y trabajo que eso conlleva, “Esencia” es un proyecto real!

Si! A día de hoy esos textos que antes habitaban en mi ordenador son un libro que se puede ver, oler, tocar y leer.

En sus líneas he volcado mucho de mí. En mis letras reside gran parte de todo lo que he ido aprendiendo a largo de mi trayectoria vital. Y lo que es más importante; he logrado hacer realidad aquella idea que pasaba por mi cabeza cuando tenía 7 años!

“Esencia” surge de la idea de que existen diversas formas de interpretar un mismo mundo y actuar, desenvolverse en él.  A partir de ahí, fui desarrollando diferentes personajes con personalidades y estrategias de afrontamiento, mecanismos de defensa diferentes. Era apasionante comprobar como todas las ideas surgían en mi cabeza una detrás de otra.

De esta forma, poco a poco, todo ello fui adquiriendo una forma y un contenido del que me sentía orgullosa. Quería seguir escribiendo, no podía parar.

“Esencia” analiza y desarrolla los diferentes tipos de relaciones que establecen estos personajes, así como otros temas como el amor, las relaciones tóxicas, la muerte, el fracaso, la pasión, entre otros.

Para adquirirlo puedes ponerte en contacto conmigo vía instagram @paula.mendizabal o lo puedes coger online en las siguientes plataformas (también disponible en Amazon):

http://www.esebook.com/product/475772/esencia

https://www.ldlibros.com/catalogo-libros-ldelibros/3691/Esencia

Te recomiendo que escuches dos canciones que aparecen en el libro y que obtienen sus significado en relación a los personajes.

“The Great Pretender” de Freddie Mercury

“Vienna” de Billy Joel

 

Muchas gracias!!!!

¿A dónde vas?

Vivimos en un mundo que avanza a toda prisa. Vivimos en un mundo que nos exige alcanzar miles de objetivos de forma simultánea, y para ello debemos aguantar un ritmo frenético, inhumano.
Soy consciente de ello debido a que llevo toda mi vida corriendo detrás de algo que no sabía identificar. Demasiado tiempo sintiendo que debía correr más rápido, nunca parecía ser suficiente. Mi corazón trataba de aguantar ese ritmo, mi cuerpo estaba al borde del colapso, me pedía a gritos detener todo aquello. Llegado al límite, me di cuenta de que hiciese lo que hiciese, nunca sería suficiente, siempre había algún punto más alto que alcanzar. Ya no podía más. ¿Y todo ello para qué? Había dejado de disfrutar del camino hacía mucho tiempo. Vivía amargada, el cansancio era físico y mental, me sentía asfixiada, debía parar.
En consecuencia lo único que conseguí fue perder y deteriorar otros ámbitos que sin darme cuenta dejé de cuidar. No me apetece volver a cometer ese error, quiero saborear el camino, apasionarme, disfrutar y cuidar lo que verdaderamente importa.

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SOLEDAD

No se si lo recordáis, pero hace un tiempo hice una encuesta que contenía preguntas variadas. Mi objetivo era obtener diferentes opiniones y respuestas de cuestiones que me había planteado.

Revisando las respuestas obtenidos, hubo algo que especialmente ha llamado mi anteción. Una de dichas preguntas era relativa a la soledad. En ella, daba tres opciones de respuesta:

CLICK LINK A LA ENCUESTA

Respecto a la soledad…

a) Disfruto de ella, porque me permite dedicar tiempo a hacer cosas que me gustan.

b) Me da bastante miedo.

c) Me es indiferente.
La mayoría de las personas que respondieron a dicha encuesta tenía una edad comprendida entre los 18-26 años y optaban por la b. Miedo. Y esto me llevo a pensar, ya que los resultados me parecieron preocupantes.
Joder, ¿por qué nos da miedo encontrarnos cara a cara con nosotros mismos? ¿Nos da miedo averiguar que no nos gusta lo que vemos? ¿O qué?
¿Entonces? ¿Qué es lo que hacemos para evitar estar solos?
Pero en realidad, la base de este tema tan sumamente complejo parte del significado que dotamos a esta palabra. ¿Qué es para ti la soledad? ¿Qué significado le das? Parece que hemos asumido que la soledad es algo negativo, tiene una connotación que no nos gusta. Precisamente es eso lo que nos genera: miedo. Huimos de ella a toda costa, salimos huyendo.

Para mí la soledad puede tener una connotación negativa y también positiva, todo depende del contexto y circunstancias que acompañen al caso. Considero la soledad como algo necesario y nutritivo en nivel personal en cierta medida. Gracias a esos momentos en el que me encuentro conmigo misma tengo tiempo de pararme y pensar.

Y es precisamente gracias a esos momentos en los que he podido investigar, descubrir cosas que no sabía que existían. He desarrollado habilidades, aprendido y sacado provecho a ese impulso que es necesario despertar.

Es cierto que el ser humano es un ser social por naturaleza. Nuestro mundo se nutre a partir de la interacción y aportación de otras personas, perspectivas diversas. Sin embargo, considero que la relación que tenemos con el mundo es un reflejo de la que tenemos con uno mismo. Piénsalo.

¿Qué es para ti la soledad?

A partir de Alejandro, un personaje que he desarrollado en el libro, quizás comencéis a ver la soledad desde otro punto de vista, con otra connotación Sigue leyendo

THE GREAT PRETENDER: EL GRAN FARSANTE

RAÚL

Para entender la dinámica de Raúl,uno de los personajes que he desarrollado en el libro de Esencia, es preciso escuchar el mensaje que transmite esta canción.

The Great Pretender, Freddie Mercury.

Egóico, narcisista, grandilocuente. Su droga es la admiración, el éxito como vía para lograr aceptación por parte de los demás. ¿Quizás para compensar ese profundo sentimiento de rechazo que experimentó durante tantos años?

Oh si, soy el gran farsante (ooh ooh)

Fingiendo que me va bien (ooh ooh)

Mi necesidad es tanta que aparento demasiado

Estoy solo pero nadie se da cuenta

Oh si, soy el gran farsante (ooh ooh)

Un vago en un mundo propio (ooh ooh)

Juego mi juego pero para mi desgracia

Me dejaste para soñar solo

Es demasiado real esta sensación de hacer creer

Lo que siento que mi corazón no puede ocultar

Ooh ooh si, soy el gran farsante (ooh ooh)

Riéndome y feliz como un payaso

Aparento ser lo que no soy (verás)

Uso mi corazón como una corona

Fingiendo que sigues por aquí

Sí ooh hoo

Siento en realidad lo que mi corazón no puede ocultar

Oh si, soy el gran farsante

Riéndome y feliz como un payaso (ooh ooh)

Aparento ser lo que no soy, verás

Uso mi corazón como una corona

Fingiendo que

Fingiendo que sigues por aquí

Link Youtube: Link youtube The Great Pretender

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ESENCIA

Recientemente acabo de finalizar un proyecto personal, un libro, algo que siempre había querido hacer. A la hora de desarrollar Esencia, que así se titula, he partido de la idea de que todos nacemos con una base a partir de la que vamos construyendo todo lo demás.  Ese proceso que configura lo que vamos a ser en un momento puntual de nuestra trayectoria, está influenciado por diversos factores. De todos ellos, algunos resultan ser más determinantes que otros, por lo que el efecto que ejercen sobre ese proceso puede ser mayor o menor.

¿De qué depende esto? Puede que la respuesta esté relacionada con la siguiente frase: la realidad es neutra, la interpretación que realizamos de ella es asunto nuestro. Quizás la repercusión que un acontecimiento, una experiencia determinada tiene en nosotros dependa del significado que uno le da.

Para poder explicar este concepto de forma más clara, he desarrollado diferentes personajes. El proceso de configuración de estas historias singulares ha sido un auténtico reto. Cada detalle que aportaba a la persona me pedía una justificación que lo respaldara, una base. Todo debe ser coherente, me decía mi cabeza.

A partir de aquí, me han surgido muchísimas más preguntas que no me había cuestionado antes. Joder, ¿por qué has tomado las decisiones que has tomado? ¿Cuáles han sido los factores que influyeron en ello y han ejercido un peso considerable sobre ti? ¿Quiénes han sido las personas más significativas para ti?

Creo que es importante aclarar que las personas con las que nos relacionamos ejercen un gran peso sobre nosotros. El ser un humano es un ser social por naturaleza. Los demás parten de un concepto diferente de las cosas, una visión del mundo única y singular. Por eso digo que el concepto de la palabra “normal” es una mierda, ¿sabrías decirme cuál es su base? No tiene coherencia. Cada uno asume las normas generalizadas que rigen al contexto que lo rodea como propias, y no cuestiona demasiado su validez. Todo lo que salga de lo establecido es raro, ya sabemos que ese miedo inevitable a lo diferente produce rechazo, y nadie quiere ser rechazado.

Aunque este libro sea un proyecto que he terminado, todavía queda por delante el proceso de edición y todo lo que viene a continuación. No obstante, considero que una persona es un proyecto en constante construcción. Imparable. Por eso, como pretendo seguir impulsando y desarrollando esta pasión que siento al escribir y desarrollar historias, me gustaría solicitar perspectivas que nutran mi visión particular del mundo.

Si te interesa aportar ideas que puedan contribuir a impulsar este construcción de proyectos, te dejo aquí unas preguntas que puedes responder si quieres y puedes.

¿Cuándo eras pequeño que decías que querías ser de mayor?

¿Qué disfrutabas como loco haciendo? ¿Había algo que pudiera pasar realizando horas y horas sin darte cuenta de que el tiempo volaba? A eso se le llama pasión.

¿Quiénes han sido para ti personas significativas? ¿Quiénes son tu referente? ¿Quién te ha cambiado marcando un antes y después?

¿Quién te ha hecho mucho daño y te ha llevado a defender, protegerte para que aquello no volviera a suceder?

¿Qué te llevó a tomar cierta inclinación profesional? ¿Por qué has estudiado esa carrera o profesión determinada? ¿Te ha sorprendido o te ha decepcionado?

¿Si volvieras atrás qué estudiarías?

¿Alguna vez viste que aislaran a alguien por ser diferente? Sé sincero, ¿qué hiciste? ¿Seguiste a la mayoría o te acercaste al que había sido excluido?

¿Si te murieras mañana habrías dejado alguna cuenta pendiente?

¿Estás satisfecho con tu trayectoria? ¿Cambiarías algo?

¿Cuál crees que es la limitación que te sabotea?

¿Sabes estar solo? ¿Qué haces cuando no tienes nada planificado y tienes tiempo para ti? ¿Cómo lo ocupas?

¿Cuando una persona te hace daño o te traiciona, qué mecanismos de defensa activas?

¿Prefieres estar solo o con gente? ¿Por qué?

¿Has hecho daño a alguien alguna vez? ¿Le has pedido perdón?

¿Hay algún tema tabú que consideras que precisa ser analizado y desarrollado más a fondo?

Respuestas a paulamendizabalv@gmail.com

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Mecanismos de defensa

Nuestra esencia es nuestra base, la parte más real y pura que nos conforma. Siempre ha estado ahí.

Sin embargo, con el paso del tiempo y la dinámica diaria en la que nos sumergimos de forma inconsciente, es fácil perder esa perspectiva. Nos cubrimos de máscaras y desarrollamos estrategias que nos defienden ante el mundo.

Todo lo que nos imponen que debemos cumplir, las normas que se establecen  y ni siquiera hemos cuestionado. Nos defendemos, nos cubrimos, nos protegemos ante todo eso.

A partir de la esencia que te define tienes una tendencia a desarrollar unos mecanismos de defensa específicos. ¿Conoces cuál es el tuyo?

No es nada negativo, es algo universal que cada uno construye como sabe y puede. No es más que un modo de encajar en ese marco de órdenes contradictorias que nos inundan. También puede tratarse de una manera de obtener respuesta ante todas esas preguntas que nadie ha logrado responder con certeza. Una forma de callar todo ese miedo que nos invade ante esa inevitable incertidumbre.

Hay quienes se aferran a personas, buscan sentirse queridos y aceptados por los demás a toda costa. Lo único que pretenden es callar ese miedo que sienten al verse incapaces de hacer frente al mundo en soledad. Quieren sentirse conectados a algo que consideran seguro para callar ese miedo que sienten ante el mundo.

Hay quienes buscan la perfección, necesitan cumplir con esos conceptos del bien y el mal que han establecido en su mente. Si lo logran, dejarán de sentir tanto miedo al descontrol. Buscan objetivos visibles, resultados que configuren su autoconcepto y los haga valiosos. De ese modo, todo seguiría su curso, obtendrán el equilibrio. De lo contrario, si pierden ese control, se llenan de ira; el mundo no encaja en el concepto que ellos tienen de perfección.

Sin embargo, aquí se genera una ambivalencia, no pueden exponer su ira de puertas para fuera, eso no es correcto. Para descargarla, explotan su ira en su interior y su mundo se destruye por completo.

Hay quienes temen mostrar su esfera emocional por no hacer ver que son vulnerables. Parecen tener una pared que impide acceder a ellos de forma completa, se distancian, se muestran fríos, nunca pareces conocerlos del todo. En cuanto la realidad los invade y se sienten vulnerables, huyen, se distancian. Suplen todo ello con información, son auténticos investigadores y saben datos que nadie conoce. Sin embargo, parece que nunca llegas a conocerles. No quieren mostrarse vulnerables, retienen su esfera emocional.

Hay quienes buscan ser admirados por los demás, fuertes, triunfadores. Adoran gustar a la gente y exponer sus triunfos de forma pública. No es más que un modo de vender una imagen que les genera bienestar. Llenan sus redes sociales de imágenes repletas de felicidad, vidas intensas, socialmente exitosas, así como laboralmente. ¿Qué hay detrás de todo ello?

¿Tú sabes cual es tu mecanismo de defensa ante la realidad?

 

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Todo lo que teníamos que ser

Todo lo que tenemos que ser, ese eje que nos indica el camino sobre el que guiamos nuestros movimientos.

Normas, estándares sociales, límites impuestos, todo lo que es políticamente correcto, y lo que no. A base de todo ello esa esencia que nos caracteriza cuando no hemos sido salpicados por lo que supone que debemos cumplir se distorsiona.

Nublamos nuestra cabeza con todos esos reflejos que realmente van dando forma a una realidad distorsionada.

Llega un momento en el que te miras al espejo y no te reconoces. Es algo imposible. En ese mismo punto algo sucede y todo lo que creías que estaba bien se rompe en ocho mil pedazos. ¿Ahora quién va a recoger todo ese caos?

Caos. Aquello que a base de esas órdenes contradictorias  te conducían a la supuesta imagen de perfección que tratabas de ocultar. Pero estás tan eclipsado que no logras ver claro, te encuentras más perdido que nunca.

Hagas lo que hagas nunca vas a lograr satisfacer las exigencias de esta sociedad. Ese afán por entrar en una masa que corre en dirección a ninguna parte. Con una venda gigante y el cerebro repleto de ideas sin sentido que les indica una salida.

¿Te acuerdas de cuando simplemente soñabas con todo lo que querías lograr? Todas esas cosas que te gustarían hacer, y todas aquellas que te limitabas a disfrutar. Como si nada más fuera realmente importante.

Durante el camino te fueron dando órdenes, te pusieron etiquetas y te metieron en cajones a los que tú creíste pertenecer. Limitándote a ser aquello que te dijeron que debías ser. Olvidando lo que antes de haberte creído todo eso realmente aspirabas lograr.

Quizás te dijeron que no podías, que no valía la pena esforzarse porque tus recursos eran limitados. Maestros que hacían ponerse esa etiqueta, cuando se limitaban a decir quien sí y quien no. Nada más.

Joder, no dejes que te digan lo que puedes o no puedes hacer. No permitas que todo lo que dicen ser correcto y perfecto te destruya. Eso no es más que una utopía que no lleva a ninguna parte.

Sé caos, pasión y esfuerzo. Porque el esfuerzo vence al talento cuando el talento no se esfuerza. Y porque se lo debes a esa versión más pura de ti que soñaba con lo que quería y no con que los demás le hicieron creer.  De lo contrario, quizás cuando te mires al espejo y te encuentres cara a cara con alguien que no reconoces, quizás ya sea demasiado tarde.

FRAGMENTO “TODO LO QUE TENÍAMOS QUE SER”

Aquí me gustaría compartir un pequeño fragmento de la historia que estoy escribiendo.

“Todo lo que teníamos que ser”

ELLA.

Ella. Jamás había visto algo tan pequeño. Parecía que estuviera a punto de romperse. Frágil. Vulnerable. Quebradiza. Sus manos eran minúsculas, cuando se cerraban sus dedos desaparecían dentro de su puño, se encogían. Al mismo tiempo esas manos agarraban ese aire que se escapaba entre ellas, deseaban atraparlo para quedarse conectada a la vida. Ella quería quedarse, lo deseaba con todas sus fuerzas.

No tuve otra opción que dejarle salir antes de tiempo, mi cuerpo parecía haber dejado de ser un lugar seguro. A partir de aquel momento ella necesitaba seguir creciendo fuera de mí.

Tenía miedo, muchísimo miedo, ella no estaba preparada para salir ahí fuera, sus pulmones no estaban lo suficientemente desarrollados para atrapar ese oxígeno que la mantuviera en marcha. Al dolor físico tuve que sumarle ese profundo dolor emocional, esa incertidumbre que vislumbraba ante mis ojos.

Ella nació a mediados de la década de los noventa pesando apenas kilo y medio, cuando los recursos no eran lo que son hoy en día. Su llegada al mundo no fue la idónea. Era necesario sacarla antes de que fuera más tarde, ella no crecía dentro de mí y no había otra opción que forzar ese proceso de forma artificial. Fuera de mí. Por medio de la cesárea su llegada fue un acontecimiento precipitado y apresurado.

La primera vez que la vi ella estaba cubierta de tubos y cables que la inundaban por completo, parecía difícil distinguirla en medio de todos ellos. Pequeña. Tenía los ojos cerrados, esos ojos que ocupaban la mayor parte de esa cara. No pude evitar dejarme invadir por el miedo. Una vez más. Temía que en cualquier momento su corazón se detuviera. Era tan fina la línea que la mantenía entre la vida y la muerte que parecía complejo optar por la posibilidad de que aquel cuerpo de aspecto tan frágil fuera capaz de quedarse.

Pero ella quería quedarse, sinceramente no sé si ella era consciente de la lucha a la que se enfrentaba desde aquel primer suspiro, pero fue mucho lo que demostró. Peleó. Optó por la vida.

Nos engañó a todos, esa cobertura tan fina y aparentemente frágil escondía una auténtica fortaleza. Fueron constantes los obstáculos y las pruebas que se iban presentando durante esos primeros meses de vida. Incluso los médicos nos planteaban la posibilidad de un mal pronóstico de forma constante.

Entre esas pruebas que se fueron cruzando por su camino he de señalar aquella hemorragia cerebral que sufrió. Otro niño prematuro que se encontraba en la incubadora de al lado se enfrentó a la misma circunstancia, debido a la privación de oxígeno a la que se ve expuesto el cerebro, las consecuencias podían ser variables, pero posiblemente irreversibles. EL caso de este niño, esta falta de abastecimiento de oxígeno generó daños cerebrales permanentes.                Visto lo sucedido con él, era complicado no venirse abajo, parecía que el universo o algo nos estaba echando un pulso interminable.

El día que acudimos a consulta del médico a recibir la noticia de aquella hemorragia acontecida, es algo que no veo posible borrar de mi mente. Mi marido tuvo que quedarse aparcando el coche, el parking estaba abarrotado. Me dejó en la puerta del edificio del hospital, por lo que yo fui adelantándome y me acerqué a la sala espera. El médico apareció y me indicó que pasara a su consulta, como mi marido no había llegado todavía, entré yo sola. Entonces me lo dijo, aquellas palabras se clavaron en mi alma como si de cristales se trataran. Dolieron.

“No te preocupes, hoy en día estos niños están escolarizados.” Esas fueron las palabras de consuelo que utilizó aquel médico para tratar de quitar hierro al asunto. No te preocupes, tu hija va a tener secuelas cognitivas importantes pero podrá ir al colegio. ¿Algo más? Gracias por el consuelo.